Capítulo Treinta y Uno

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— ¿A dónde me llevaras a cenar? — pregunto Samantha muy contenta cuando salieron del geriátrico— Vi un restaurante de comida italiana cerca de la calle cincuenta y ocho y parecía muy bonito.

—Vamos a cenar en la  casa, y me vas a mostrar esa caja que te dejo tu padre— le dijo tomándola del codo.

—Pero, Tom, tengo hambre— se quejo.

—Puedes pedir la comida a domicilio como haces siempre, pero esta noche me vas a mostrar esa caja.

Mientras Tom llamaba a un taxi, Samantha no pudo evitar sentirse un poco frustrada.

—No es agradable que la gente te oculte cosas, ¿verdad? — Tom le tomo el brazo con fuerza y ella hizo una mueca de dolor, pero aun así no relajo su agarre.

— ¿Te das cuenta que el secreto de porque trataron de matarte puede estar en esa caja?

—No...— respondió suavemente.

Mientras abría la puerta del taxi, le pregunto:

— ¿Qué mas hay en la caja? — Al ver que ella se quedaba en silencio, Tom apretó los dientes— miraste dentro ¿Verdad?

—Mirar las cosas de una persona muerta no me parece divertido, quizás a ti te agrade, pero no a mí. Abrí la caja de sombreros que tú me bajaste y vi arriba la fotografía, eso fue todo. La caja parece estar llena de ropa vieja, ropa que perteneció alguien que podría haberse fugado con un gangster.

—Una caja llena de cosas que podría decirnos muchas cosas, podría decirnos algo que podría evitar que alguien volviera a intentar matarte.

—No crees que aun corra peligro, ¿cierto? — Samantha se llevo la mano a la garganta.

—Si— le contesto suavemente— con cada persona con la que hablamos creo que corres más peligro que antes— bajo la voz — creo que es posible que aunque te envíe a los Hamptons o a colorado con mis padres seguirás estando en peligro.

Samantha se volvió, miro por la ventanilla y respiro profundamente.

Media hora más tarde habían llegado a la casa de Tom y él tenía la caja de sombrero sobre la mesa del desayuno. Sam había insistido en que pidieran la cena primero antes de abrir la caja y Tom acepto a regañadientes. Aunque hubiera querido, Samantha, no hubiera podido explicar su renuencia a abrir la caja, sabía que estaba llena de cosas de su abuela y en otras circunstancias  hubiera sentido curiosidad por saber que contenía, pero en ese momento no estaba segura de querer ver lo que había en esa caja. La caja de pandora  llena de cosas demoniacas. De alguna manera, sabía  que si la abrían comenzarían algo que deberían terminar.

Cuando Tom hizo ademan de destaparla, Samantha puso su mano encima. Tom la observo y espero mientras ella respiraba profundamente, después de un momento, ella asintió con la cabeza y retrocedió conteniendo la respiración mientras Tom levantaba la tapa. Él miro dentro y frunció el entrecejo, hasta que Samantha avanzo con curiosidad.

— ¿Qué hay? — susurro.

—No puedo creerlo— le respondió con voz aprensiva.

— ¿Qué? — se acerco mas a él y miro adentro de la caja. Cuando Tom la tomo entre sus brazos y le murmuro un "Te atrape" y le mordió el lóbulo de la oreja ella salto. — ¡Quieto! — le respondió sonrojada  y con la mano en el corazón, para después girar y golpearle el hombro.

Tom se rio y busco dentro de la caja.

—No sé de qué tienes miedo, es solo un viejo vestido rojo— sacó un vestido de seda rojo y se lo alcanzó.

Sweet DelusionsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora