—Realmente no creí…— Samantha tartamudeo, sin saber que agregar. No podía decirle “A propósito, ¿en aquella época ustedes tuvieron una relación de la posiblemente nació mi padre?”
—Ven, aquí— le pidió Barret, indicándole el camino con la silla de rueda—Tomaremos el Té en el jardín y te diré todo lo que sé.
—Si, por favor—respondió Samantha poniéndose de pie, para seguirlo, ella casi había desaparecido de la habitación olvidando a Tom, cuando él la tubo y la tomo por el codo, la miro de forma extraña, como si quisiera advertirle algo con la mirada. Pero Samantha no estaba interesada en averiguar que le inquietaba.
Siguieron al anciano, hasta una bonita habitación amarilla y blanca que tenía un enorme balcón que daba hacia la playa. Dejando de lado a los hombres que custodiaban la playa, Samantha se limito a contemplar la belleza del lugar. En la mesa redonda, con dos sillas, había una hermosa tetera con dos tazas y un plato con galletas, recién horneadas.
— ¿Quieres servir? —le pidió Barret, halagándola con la petición. Él no quiso beber ni comer nada, así que solo sirvió, el té para ella y Tom, mientras Barret, la observaba—Sabes con la ropa y el peinado adecuado, podrías ser Maxie—Susurro Barret—Hasta tus movimientos, son parecidos a los de ella, dime, querida niña, ¿Cantas?
—Un poco —le respondió tímidamente, ya que siempre le había gustado cantar, pero solamente con su familia, Tom la miro asombrado, pues no sabía eso, en realidad no sabía muchas cosas de ella. Los tres se sumergieron en un silencio incomodo, Tom tenia la expresión de un sacerdote, que está escuchando una conversación pornográfica. Por alguna razón, desaprobaba todo lo que Samantha decía o hacia. Sus celos absurdos no podían aceptar a ese anciano.
— ¿Quieres que te cuente sobre aquella noche?
—Si, por favor—respondió Samantha, bebiendo de su té y comiendo una galleta—Si, quiere, claro, si no está demasiado cansado— ignoro el pisotón que Tom le dio, que le indicaba que habían ido, justamente a eso. No iba a cansar a un anciano de casi noventa y uno años, solo para que Tom Kaulitz, obtuviera su historia.
—Sera un placer contártelo— le sonrió, a la luz del sol, parecía más viejo que cuando estaban en el living y Samantha, sintió deseos de arroparlo, en el sofá para que durmiera una siesta. Barret hizo, una inspiración profunda y comenzó hablar—creo que ahora es un término anticuado, pero yo era un gánster, vendía whisky y cerveza, cuando el gobierno, lo tenía prohibido, por algunas cosas, que sucedieron los vendedores de alcohol, obtuvimos una pésima reputación. —se detuvo y le sonrió a Samantha— Tengo una explicación, para lo que hice, era joven, tendría veintitrés años cuando me convertí en un gran gánster, ganaba cincuenta grandes al año y ganar dinero, era importante para un hombre que estaba enamorado y cubrir de joyas y seguridad a mi amada, igual que tu joven novio lo ha hecho contigo— tomo la mano, donde se encontraba el anillo de compromiso— Maxie era hermosa. No una belleza estridente o vulgar, sino elegante y serena, verdaderamente hacia impacto—Le sonrió a Samantha con ternura— como tú— agrego y la hizo, sonrojar—durante meses, Maxie y yo fuimos pareja. Le pedí que se casara conmigo, pero ella se negaba, decía que no lo haría hasta que yo dejara el negocio y me dedicara a algo, dentro de la Ley — hizo una inspiración — ¿Tú haces algo legal, muchacho? — miro a Tom.
—Soy profesor de Guitarra, en un conservatorio— respondió sereno y el anciano asintió
—Bueno, yo no me veía establecido y vendiendo seguros y luego llego aquella noche del sábado que cambio nuestras vidas. El 12 de mayo de 1928, cuando lo recuerdo, me pregunto si no habré tenido alguna premonición de ese fatídico día. Joe, mi mano derecha y mi mejor amigo desde niños, había recogido las ganancias de esa noche, era más de lo que hubiera ganado en dos años, así que le compre unos pendientes a Maxie. Diamantes, con perlas, nada grande, ni ostentoso, porque a Maxie, no le gustaba lo llamativo, pero eran realmente hermosos. —inspiro, como si le faltara el aire, Samantha estuvo, tentada a pedirle que se detuviera, pero el retomo el relato— fui a Jubilee, el lugar donde Maxie cantaba, sintiéndome el rey del mundo, me acerque a Maxie y le entregue los pendientes, pensé que se alegraría, pero en lugar de eso, se sentó en una silla y se largo a llorar. No sabía que sucedía y me costó bastante que me lo dijera— Barret, bajo la voz, como si le fuera difícil hablar— finalmente me dijo “vamos a tener un bebe”.
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Sweet Delusions
FanficSam acaba de quedar huérfana y para recibir la herencia de su padre, tiene que viajar a Nueva York, para encontrar a su abuela, en el camino conoce a Tom Kaulitz un chico solitario, que la ayudara a encontrar a su abuela. AVISO: ESTA HISTORIA ESTA...
