Capítulo Cuatro

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Durante su primera noche en Nueva York, Samantha durmió en una cama elegida por su padre, y todos los traumas del día en cierta forma se aliviaron. Pero cuando despertó se sintió peor que antes de acostarse, al verse sacudida por la realidad  de su situación. En Berlín, en la casa de su padre había estado bien, pero ahora se encontraba en lugar extraño, rodeada por extraños. Nunca en su vida estuvo sola, no verdaderamente sola, porque había tenido a sus padres, a su abuelo y luego a su esposo.

Al escuchar un ruido afuera, se levanto de la cama y se dirigió a la ventana, para mirar el pequeño jardín de abajo.  Tom, su locador, estaba regando las plantas y cuando Samantha movió la cortina, se volvió como si la hubiera escuchado, la saludo agitando la mano. Samantha se alejo de inmediato de la ventana y coloco la cortina en su lugar. No solamente estaba sola, estaba rodeada de rufianes. Se imagino perdida en el mar, meciéndose sostenida con un salvavidas en la cintura, observando la costa llena de gente, feliz y risueña, demasiado divertida como para oír sus gritos de auxilio… y rodeada de tiburones. Por el momento los tiburones parecían tener la forma de Tom Kaulitz.

Después de ducharse y vestirse se peino el cabello hacia atrás y espero hasta que oyó, que la puerta principal se abría y se cerraba antes de bajar. Se detuvo frente a la puerta y vacilo, pues no quería salir. En realidad, no deseaba tener que salir para nada de la casa, pero tenía que comprar comida y ver lo de sus cuenta de banco para que pudieran transferirle el dinero de Berlín.

Honestamente, Nueva York la aterrorizaba, en todo el mundo se usaba a Nueva York como un cuco para adultos. Cuando algo terrible sucedía en otras ciudades de Norteamérica, la gente decía “este lugar, se está poniendo tan malo como Nueva York” o “por lo menos esto no es Nueva York” al menos eso escucho un par de veces, cuando vivió en Santa Fe, con su ex marido. Pero esto era Nueva York y tenía que salir sola.  ¿Qué sucede cuando una mujer camina por la ciudad? Se preguntaba. A través de la puerta de vidrio podía ver mujeres pasando delante de su casa, algunas con perros, atados a una correa, otras con diminutas faldas y chaquetas y ninguna parecía aterrorizada. Con una respiración  profunda abrió la puerta y la cerro, con llevo, bajo la escalinata y camino hasta la esquina y giro a la izquierda, leyó un cartel verde en la calle y vio que estaba en Lexington Avenue. Cuando camino hacia el norte vio una verdulería, una zapatería, una panadería, una lavandería y una sucursal de banco. Dos horas después ya tenía de nuevo su cuenta de banco, y había comprado comestibles, una flores, y una novela de bolsillo, todo con cruzar la calle, regreso a la esquina, giro a la derecha y llego directamente a la casa, abrió y cerró la puerta sonriendo, había hecho una primera incursión en Nueva York y nadie la había asaltado, o intentado vender drogas. Se sentía como si hubiera escalado una montaña, plantado una bandera en la cima y regresado a casa a contar la historia. Después de dejar los comestibles, se preparo un bol de cereales, y una taza de té de hierbas, tomo un panecillo de la bolsa de la panadería y coloco todo sobre una bandeja y salió al jardín. Se sentó en la reposera, se desperezo y movió rápidamente los dedos de los pies. Quizás debería sentirse sola, pero en lugar de eso pensó en lo maravilloso que era no tener obligaciones o responsabilidades. A veces le parecía que se había pasado la vida cuidando gente. Cuando estaba casada no tenía un minuto para ella, su marido siempre necesitaba algo. Si no tenía hambre, le estaba pidiendo que lo ayudara a encontrar algo o necesitaba ropa limpia, o alguien que escuchara lo miserable que era su vida. Al recordar eso, Samantha tensiono los labios, era mejor no pensar en su ex – esposo y sus “escritos”.

—Veo que fue al almacén.

Cuando Samantha escucho su voz, se sobresalto e inmediatamente se irguió en la silla., coloco los pies en el suelo y las manos sobre su falda. No levantó la vista para mirarlo.

— ¿Tuvo algún problema? —le pregunto Tom mirándola disgustado, pues parecía convencida que era un asesino con incontrolables, urgencias sexuales.

Sweet DelusionsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora