Nueva York Abril
A los quince minutos de llegar Samantha Knight a Nueva York le robaron la billetera. Sabía que había sido culpa suya, porque había buscado un pañuelo en su bolso y olvido correr el cierre, por lo tanto todo lo que tuvo que hacer él o la ladrona fue meter la mano y sacar su billetera. Perdió una Máster Card, una American Express y todo el efectivo que disponía, por lo menos había tenido la precaución suficiente de separar ciento cincuenta dólares, de manera que no estaba en la indigencia.
Después de descubrir el robo, aprendió la nueva lección de cancelar todas sus tarjetas de Crédito. Para Samantha todo lo que había sucedido fue Traumático: ir a la gran ciudad de Nueva York por primera vez, ser recibida por un carterista y tener que cancelar sus tarjetas. Para la aburrida joven que se encontraba detrás del mostrador de reclamos, estás eran cosas que sucedían cincuenta veces al día. Le entrego a Samantha unos formularios para completar y le señalo una lista de la pared con números telefónicos de las compañías de crédito indicándole a cual llamar. Mientras Samantha telefoneaba, la mujer pudo mascar su chicle, limarse las uñas, llamar por teléfono a su novio y decirle a su colega que deseaba para almorzar todo al mismo tiempo. Samantha trato de hablarle a la joven de su billetera la cual había pertenecido a su madre, y que tenía en el cuero un diseño que su padre consideraba sicodélico pero la mujer la miro sin interés alguno y le respondió un escueto “si seguro”. Si la mujer no hubiera demostrado que tenía la suficiente habilidad para realizar varias tareas a la vez Samantha habría pensado por la expresión vacía de sus ojos que era estúpida.
Cuando Samantha salió del departamento de artículos perdidos su equipaje, había sido guardo en un deposito cerrado con vidrio y tuvo que buscar a un guardia para que le abriera toda una proeza, una puerta de la cual nadie sabían quién tenía la llave. En realidad nadie parecía saber ni siquiera que la habitación cerrada existía. Cuando recupero su maleta y la coloco sobre un carrito con ruedas, el bolso de mano colgando de su hombro, temblaba de cansancio y frustración.
Ahora todo lo que tenía que hacer era conseguir un taxi, el primer taxi al que subiria en su vida y dirigirse a la ciudad. Treinta minutos más tarde se encontraba adentro del automóvil más sucio que jamás había visto. Tenía un olor a humo de cigarrillo tan fuerte que pensó que se descompondría y cuando trato de bajar la ventanilla, advirtió que faltaban ambas manijas. Le hubiera hablado al conductor pero su nombre que figuraba debajo del reloj tenía tantas x y k y al parecer no sabía casi ingles. Miro por la ventanilla sucia del taxi, trato de no respirar e intento la imposible tarea de no pensar en dónde estaba, ni porque estaba allí, ni cuánto tiempo tendría que quedarse.
El taxi pasó debajo de un puente que tenía el aspecto de haber sido clausurado, luego por varias calles llenas de pequeños negocios con las vidrieras sucias. Cuando el conductor le pregunto la dirección por tercera vez, Samantha se la volvió a dar, tratando de no descargar su frustración en él. El papel que le había entregado el abogado de su padre decía que el departamento se encontraba entre East sixties, entre Park y Lexington. Cuando el conductor aminoro la velocidad buscando la dirección, Samantha contemplo una calle que parecía tranquila y menos bulliciosa que las otras zonas por las que habían circulado. Después del que el taxi se detuvo pago al conductor, trato de calcular rápidamente la propina y luego bajo sus dos maletas del automóvil sin su ayuda. Al mirar el edificio que tenía delante de ella, vio una casa angosta de cinco pisos. Era una hermosa casa de ciudad, con una escalera que conducía a la entrada principal, con un montante en forma de abanico en la parte superior, una enredadera que trepaba por el costado izquierdo de la casa hasta el techo, la cual estaba cubierta de pimpollos purpura a punto de florecer. Toco el timbre y espero, no hubo respuesta, aún después de tres toques y quince minutos de espera nadie respondió. Por supuesto, pensó ¿Qué pensaba? ¿Qué el casero iba estar allí para entregarle la llave de la puerta principal? El hecho que le hubiera escrito un email para informarle la hora de su llegada no significaba que este se fuera a molestar en estar allí para abrirle la puerta. ¿Qué le importaba que ella deseara una ducha caliente y sentarse sobre algo que no se moviera? sentada sobre su maleta esperando al hombre, especulo sobre lo que haría si no aparecía, en una ciudad del tamaño de Nueva York sin un lugar para quedarse. ¿Iría en un taxi a un hotel y pasaría la noche ahí? ¿Llamaría al abogado de su padre para que le enviara más dinero hasta que sus tarjetas fueran respuestas?
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Sweet Delusions
FanfictionSam acaba de quedar huérfana y para recibir la herencia de su padre, tiene que viajar a Nueva York, para encontrar a su abuela, en el camino conoce a Tom Kaulitz un chico solitario, que la ayudara a encontrar a su abuela. AVISO: ESTA HISTORIA ESTA...
