Samantha se despertó después de dormir solo una hora, pero nunca se había sentido mejor en su vida. Tuvo que sacar su cuerpo de debajo del de Tom, con sus brazos y piernas medio dormidos, para poder levantarse. Tomo la bata que había quedado tirada a un lado de la cama, se la puso y se disponía a salir de la habitación. Pero luego se volvió y se detuvo junto a la cama, para observar a Tom dormido extendido sobre las sabanas completamente relajado.
Samantha pensó que su vida había cambiado, había cambiado para siempre, había cambiado irrevocablemente. La noche anterior con Tom la había cambiado, la había hecho sentirse más libre interiormente de lo que jamás había estado, sonriéndole, advirtió que comenzó a cambiar desde el momento en que le conoció. El ratoncito atemorizado que había llegado en el primer taxi, no era la mujer que había hecho cosas increíbles con Tom la noche anterior.
Era extraño que se condujera de una manera con su ex esposo y de otra con Tom. Richard no aprobaba que ella se riera demasiado fuerte o se mostrara demasiado exuberante respecto a algo, ya fuera una promoción o un libro que estaba leyendo o por cualquier otra razón, quizás Tom tenía razón y ella solo acomplejaba a Richard.
Samantha se inclino sobre la cama y le toco con cuidado el cabello a Tom, no acomplejaba a Tom porque era muy seguro de sí mismo, seguro de quién era y de que era y la vitalidad de Samantha lo complacía no lo molestaba.
Sonriendo ante su sentimentalismo, salió de la habitación y se dirigió a su departamento para buscar alguna ropa.
Lo primero que advirtió fue que la puerta que Tom había roto había sido cambiada, pero como sabía que él lo iba hacer no se sorprendió. Después de abrir la puerta se detuvo, pensando que se había equivocado de habitación y se volvió, pero por supuesto que era su departamento se dijo a sí misma, solo que lucía diferente.
Las paredes de la sala seguían siendo color verde oscuro, pero las cortinas era den chintz claro crema, tomadas con un lazo verde menta, una butaca tapizada en líneas verticales verde mente con crema haciendo juego con las cortinas, estaba junto a un gran sofá blanco, detrás del sofá había una mesa blanca con flores frescas y fotografías de la familia de Samantha, en el centro había una de Tom, sentado en su sala tocando su guitarra.
Caminando despacio, como si al hacerlo demasiado rápido el sueño se fuera a evaporar, se dirigió hacia el dormitorio y al entrar contuvo el aliento.
Todo el dormitorio estaba decorado en tonos azules cientos de tonos de azul, desde el más oscuro hasta el más claro. Las paredes estaba empapeladas a rayas de dos tonos diferentes, las cortinas de seda eran de un azul oscuro que casi parecía morado. En el medio de la habitación había una enorme cama, con cuatro pilares y un dosel de algodón de color azul muy claro, se acerco a la cama y vio que la tela del dosel salía de un medallón central, formando pliegues. El cubrecama era estampado con flores azules claras.
— ¿Te gusta? — le pregunto Tom desde atrás.
Se volvió tan emocionada que no podía hablar, no comprendía por qué había hecho esta cosa tan maravillosa por ella. Cuando lo miro, recordó la noche que había pasado entre sus brazos y en ese momento supo que era libre para tocarlo, de tocarlo como se le diera la gana.
—Gracias— le dijo abrazándolo— Muchas gracias.
— ¿Quieres probar la cama? — le pregunto besándole el cuello.
—No quisiera desarreglarla— le respondió Samantha riéndose.
—Tendremos cuidado — le dijo Tom de manera seductora tomándole de la mano y conduciéndola al centro de la cama.
Cuando subió a la cama advirtió que el hermoso reloj azul que se encontraba en la mesa de noche.
— ¡Tom, son las nueve y cuarto! Van a enviar los muebles al sanatorio a las diez.
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Sweet Delusions
FanfictionSam acaba de quedar huérfana y para recibir la herencia de su padre, tiene que viajar a Nueva York, para encontrar a su abuela, en el camino conoce a Tom Kaulitz un chico solitario, que la ayudara a encontrar a su abuela. AVISO: ESTA HISTORIA ESTA...
