XXIII: "Un tiempo".

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Algunas veces eres lo suficiente ciego como para no darte cuenta de algo en preciso cuando lo ves diario y simplemente está ahí, con una tímida sonrisa

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Algunas veces eres lo suficiente ciego como para no darte cuenta de algo en preciso cuando lo ves diario y simplemente está ahí, con una tímida sonrisa. Él estaba allí, como siempre, él mantenía la plática como normalmente lo hacía pero aquel día hubo un cambio, un mínimo que desencadenó mi preocupación por el chiquillo de ojos azules tristes y con ojeras bajo aquellos cubiertas por un corrector de ojeras que había sido colocado de mala manera y se veía como un manchón. Él seguía sonriendo como si nada pero entonces me percaté que sus ojos estaban opacos, por lo que todo se veía mal desde el principio.

El chiquillo ojiazul finalmente se apartó del grupo de amigos con los que platicaba y él hizo una mueca después de despedirse con una sonrisa que ante ojos poco observadores parecería sincera. Él suspiró mientras acomodaba sus libros entre sus brazos y entraba a sus clases.

—Finn realmente está mal.

Asentí a Liam, que acababa de llegar y me tendió mis libros de aquella hora que había guardado previamente en su casillero, él hizo una mueca mientras nos acercábamos a la clase y veíamos a Finn evitando todo tipo de contacto con otros chicos de la mejor manera que su repertorio de sonrisas le permitía. Él jugaba con su pluma y escribía en su cuaderno de notas que empezaba a cargar encima a todos lados desde hace dos semanas.

—Él y Nathan van a cumplir seis meses de empezar a salir. Y no creo que sea por el bochornoso calor que hace en estos tiempos que él esté así por lo que aquí hay gato y un gato gordo como el que tienes Ian.

Reí a su comparación y entramos a clase, sentándonos en aquella hora que compartíamos con Finn y él pareció alegrarse un poco, cerró su cuaderno de notas personal y realmente se esforzó de hacernos plática silenciosa cuando el profesor no estaba mirando, más sin embargo el chico se perdía a sí mismo en ocasiones durante los cincuenta minutos que siguieron. Al final, cuando Liam y yo nos levantamos de nuestros asientos en el momento en el que el cambio de hora se indicó, Finn volvió a su faceta de depresión y realmente se esforzó por ocultarlo con un "bye-bye" y una sonrisa más de su repertorio.

Yo no quité esa imagen mental de mi cabeza problemática por el resto del día y Liam parecía estar preocupado por el chico de ojos azules, al punto de llamar a Nathan y preguntarle qué estaba pasando, recibiendo una respuesta similar a "Eso es lo que quisiera yo saber, ¿él se encuentra bien?" recibiendo una respuesta negativa de mi parte y entonces Nathan dijo algo de tener la culpa aunque yo sabía que él no la tenía por alguna razón que mi cabecita me indicaba. Al final, él quedó de venir por el chico menor.

Palabras de miel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora