Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Liam amaba la sensación de los labios de Ian encima de los suyos, las mariposas que creía olvidadas y sepultadas bajo muchos años volvían como si fuera la primera vez que fueran causadas por ese sujeto. A esa altura tal vez las rosas rojas y las gardenias ya estaban en el suelo y eso realmente no importaba porque vamos, ¿a quien le importa un arreglo floral cuando tenía a su más preciada flor frente suyo? Liam realmente adoraba los labios de Ian, tan suaves y rellenitos, por lo que le encantaba el hecho de poderlos morder y dejarlos un poquito más rojizos de lo normal, le fascinaba. Su preciada flor estaba más bella que nunca, radiante con aquellos rasgos maduros que ya se notaban en su expresión y su preciada flor parecía ser su propia gardenia personal que le brindaba felicidad.
Se separó tembloroso, contemplando a la persona que estaba profundamente ruborizada frente a sí. Ian alargó sus brazos para acunar el rostro de Liam, quien esperaba algo que le diera una aprobación en hacerlo llorar en la cama, bestialmente. Solo un incentivo faltaba para que Liam saliera de su autocontrol, ¿que Liam era un chico paciente? No, todo lo contrario. Era un chico que realmente amaba hacer enloquecer a Ian bajo su cuerpo, sacar cada sonido satisfactorio y hacerlo doblar del éxtasis, era realmente alguien que amaba a Ian y amaba sentirse unido al chico castaño, quien lo miraba con una pequeña sonrisa.
Joder, había querido controlarse pero había terminado comiéndoselo contra la puerta de su casa. Pero, no podía controlarse, no al tener al amor de su vida frente a él tras un largo tiempo de búsqueda.
—Hola, niño bonito—musitó Liam, sus dedos acariciando las clavículas que deseaba morder en aquel mismo instante, era efectivamente, tan bonito. Ian se sonrojó, lo que desvió el objetivo de Liam a aquellas dulces mejillas colorearse de un matiz rojizo como las rosas que le había traído. Ian lo estrechó entre sus brazos, sus labios se fijaron en su pecho y Liam quiso llorar al sentir la suave respiración en su pecho, que se irregularizaba cada momento más lo que indicaba que el hombre castaño iba a comenzar a llorar. Iba a hablar cuando él lo detuvo con un gesto y lo abrazó dulcemente por el cuello, colocando sus labios en el oído del rubio, quien al reconocer aquella dulce voz colarse en sus oídos tuvo más ganas de llorar también.