Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
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Frío. Tenía frío, y eso no tenía mucha lógica porque ya era Junio y lo que menos había era frío, o al menos en esta ciudad ese era el caso. También me sentía acorralado, los días de oro parecían tomar menos presencia ahora que estaba frente al Rey Demonio (metafóricamente hablando, claro), o sea, mis padres, por lo cual serían dos Reyes Demonios. Mis manos sudaban y definitivamente era por las cejas levantadas de mis progenitores cuando dije el "tenemos que hablar" que probablemente nunca significa algo bueno, y no es que la homosexualidad sea algo malo (porque no lo es), pero para algunas personas lo es y yo no sabía si en ese tipo de personas también se incluían a mis padres, o no. En todo caso, el dilema era de que iba a hacer ahora y cuáles iban a ser las palabras correctas para no hacer una burrada marca Ian Hargitay.
Cada noche en mis sueños, soñé acerca de ese día, vi las reacciones tanto buenas como malas en la declaración que iba a hacer acerca de aquello. Y aterraba, oh vaya, realmente lo hacía, desearía olvidarme de aquellas estúpidas cosas que pasaran por mi mente en ese preciso momento que no ayudaban en lo absoluto. Definitivamente no ayudaba la visión de todos aquellos sueños que a veces se convertían en horribles pesadillas y me dejaban despierto tras levantarme, por toda la noche hasta que me llegaba un mensaje respuesta de Liam. Liam.
El chico (también conocido como mi primer amor), un chico de ensueño y que no era perfecto pero era un chico que admirar, un dulce suspiro como un canto de cuna para un bebé, con un efecto relajante; el causante de todas aquellas consecuencias buenas en mi persona así también como algunas malas, aquel chico que sostenía mi mano en la calle y lograba hacerme enrojecer bajo la mirada curiosa y de asco de algunos transeúntes, pero él no se inmutaba y todavía tenía el gusto de besarme repentinamente y yo sólo podía sentirme como si él fuera una luz para guiarme a una casa, no literalmente, pero era parecido el efecto. Aquel chico que se ufanaba de sacarme sonrisas, sonrojos, risas y poseía los mejores pliegues que alguien podía tener en la vida, o al menos para mi propia visión de enamoramiento.
Aquel chico que no tardaría en llegar y probablemente me sentiría mal por arrastrarle a esta mierda conmigo, oh espera, eso iba a ser definitivamente.