Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
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Liam había dicho que íbamos a comer a un restaurant pero realmente no le veía cara de querer irse porque estaba muy cómodo con una pierna en mi regazo y su cuerpo tendido en el sofá. Estaba jugando con mi mano mientras veíamos una telenovela que estaban pasando y según él, solo estaba haciendo tiempo pero en realidad parecía que solo quería acurrucarse conmigo de acuerdo a sus gestos.
Mi novio era muy tierno.
Me recliné y besé sus labios, él me tomó de la nuca y profundizó el beso de una vez. A pesar de estar metiendo lengua, él lo estaba haciendo lento, casi como si se estuviera cayendo de sueño ahí mismo y me empecé a reír recordando que él se había quedado jugando conmigo el Just Dance hasta muy tarde. Él era realmente un buen bailarín y bueno, no iría a mentir para decir que no quisiera verlo haciendo un lap dance porque era un morbo que tenía profundamente pero tal vez en otra ocasión porque él estaba adormilado por más que tuviera una reservación en un lugar que pudo conseguir después de mucha pelea y solo porque le dije que me gustaba la pasta de ahí.
Era un lindo detalle.
—¿No estabas esperando tanto esto?—pregunté, enredando mis dedos en su cabello y empezando a hacer pequeñas trencitas. Él asintió, tallándose los ojos para despejarse y musitando un “voy a lavarme la cara”. Pobre bebé, estaba realmente cansado pero sabía que si le decía que mejor nos quedáramos él se iba a poner en su camisón de machito e iba a empeñarse, aunque bueno no lo podía culpar porque ese lugar era muy difícil de conseguir y más el sitio de la terraza.
Cuando salió, le acomodé el cuello y la corbata, colocándole el saco y él entonces me jaló de la corbata para besarme de la nada. Sonreí entre el beso, adivinando lo que me iba a decir antes de que me lo dijera: “gracias por casi tres años, te amo, te amo, te amo” y es que en realidad, si él no lo decía yo lo haría. Apreté sus mejillas y entonces cuidé el aspecto de mi traje antes de salir con él del apartamento.
Apenas salimos a la calle, él tomó mi mano alzando prepotentemente la cabeza cuando entrelazó sus dedos con los míos y era adorable porque eso me recordaba al chico que se me había quedado viendo y entonces empezó la costumbre de Liam de salir así a la calle; era un celoso de mierda pero no por inseguridad, eso ya había quedado atrás tras muchos sucesos sino porque le gustaba mucho decir que él era mi novio, lo había regañado antes por acciones así pero la verdad es que me daba igual. Además, Liam realmente disfrutaba hacerme sonrojar, siempre sonreía y picaba mis mejillas cada vez que lo hacía, inclusive cuando hacíamos el amor, era extraño mas no incómodo así que no había problema.