Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
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¿Qué haría yo sin aquella maravillosa sonrisa? Sin aquel sujeto de ojos mieles amables y que me era difícil interpretar sus acciones. Era como un universo, con todo y sus misterios. Jesús, amaba todo de él, todo lo que le hacía ser él mismo desde el comienzo hasta el final y cada mínima imperfección perfecta, no podía decir las veces que había dicho esto en mi mente con el mundo girando como si él fuese la única distracción que me hacía volar o hundirme, tal vez. Aunque, eso realmente no me importaba. Aquellos labios dulces y delgados que gustaban de frotarse contra mi cuerpo y hacerme enloquecer, aquellas manos que habían brindado tantas caricias y tantas sensaciones en tan solo una noche y aquella sonrisa que le gustaba colocar en aquellos lindos labios y que me robaba el aliento en cada una, a veces sonriendo a causa de ella.
Aquella noche él había preparado la cena y se veía lindo con aquel delantal que había encontrado por allí. Aunque más bien lo había hecho la mayoría yo porque él se tomaba más tiempo y dedicación en besarme mientras sus manos recorrían mi espalda. El reía contra mis labios mientras yo me esforzaba en disfrutar aquel momento feliz con él, aquel sujeto que se iba alejando cada vez más de mí y de todo mi alcance.
Me sentía tan roto.
Comimos entre una conversación normal en la que yo procuraba ser partícipe y él sonreía feliz mientras picaba mis mejillas con sus dedos, pronto, me había vuelto un experto fingiendo. Estaba asustado, hoy era el día en que debía irme según la plática con aquella persona y no quería decir adiós. No. Me oponía completamente a la idea. ¿Qué más podía hacer? Jesús, estaba realmente aterrado y perdido en toda esta mierda de situación.
Al terminar la cena, él bromeó conmigo al colocarse en mis piernas y empujarse sobre mi miembro. Entabló su mirada con la mía, profunda y suave que me hizo olvidar todo mientras deslizaba sus labios por mi cuello, dejando suaves marcas en su camino. Movió sus caderas una vez más en círculos hasta que sintió una dura presión en su culo, él sonrió al instante y se apartó de mis piernas, colé mis manos bajo su ropa en el momento en el que se dio la vuelta y lo apegué a mí. El rio, susurrando algo que no logré escuchar y apartó mis manos de su cuerpo en un manotazo, se paró frente a mí con su pecho inclinado hacia mi rostro, relamiéndose los labios al volver a establecer la mirada con su trasero ligeramente hacia fuera. Y lentamente bajó hacia mi regazo.