Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
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—¿Verdad o reto?—preguntó Charlie con una sonrisa maliciosa en sus labios apuntando a Finn, el ojiazul arqueó la ceja sin embargo, tras tomar aire por un segundo y tragar saliva, jugó con sus dedos y respondió al cuestionamiento.
—Verdad—La sonrisa de la rubia se extendió.
—¿Cómo fue tu experiencia sexual con Nathan?—Una carcajada brotó de los labios de mi hermana a su vez que ahora mi atención que llevaba en aprenderme unas fórmulas se fue al caño porque estaba interesado y ahora casi quería reírme del tono carmesí intenso del rostro del castaño—. Responde cielo, no tienes remedio.
Algunas chicas dieron un grito por lo bajo porque muchas eran atraídas hacia Finn probablemente por la ternura de su persona aunque de repente les tomaba dos baldes en la cabeza a la vez 1) era gay, 2) tiene novio, así que aquellas chicas se interesaron por la respuesta al igual que uno que otro chico. La mirada que tenían algunos chicos en la espalda baja del ojiazul de alguna manera me hacía sentir incómodo porque le debía a Nathan el haber ayudado para conseguir los boletos del concierto de Fall Out Boy, según lo relatado de Liam por lo que adopté una postura protectora hacia el pequeño castaño con mechones desprolijos de cabello que cubría el tono de su rostro con sus manos.
—No hemos tenido relaciones...—susurró desviando la mirada—, aun—agregó más bajito. Mi atención completa se centró en el juego que estaban haciendo varios chicos y chicas de la clase en la hora libre en vez de la protección que debería estar ejecutando.
—Pero si se restriegan en cada centímetro cuadrado que encuentran cómodo... —susurré yo justo cuando el silencio dio origen en el lugar y todos escucharon mi comentario no tan silencioso ahora y voltearon hacia mí para después dirigir la atención hacia Finn que empezaba a balbucear y a hacer movimientos con las manos tratando de omitir mi comentario, probablemente.
Lo siento, amigo.
—Él no quiere acostarse conmigo...—confesó con una mueca de tristeza—, dice que no quiere quitarme...—se interrumpió a sí mismo omitiendo lo último y continuó— cada vez que lo intento, él cede por un momento hasta que siente terreno peligroso y se aleja de mí... ¿no soy provocativo para él?—susurró aquello último con un dejo de decepción.