VI:"Ojos azules enrojecidos, cuerdas flojas y un sobre beige".

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Y entonces el viernes llegó, posando en los techos de las casas el líquido frío de la nieve que parecía llevarse la maldad de las personas para brindarles una sonrisa en el rostro adornada por el vaho que salía de sus bocas

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Y entonces el viernes llegó, posando en los techos de las casas el líquido frío de la nieve que parecía llevarse la maldad de las personas para brindarles una sonrisa en el rostro adornada por el vaho que salía de sus bocas.

No había vuelto a hablar con Liam o siquiera acercarme, a su vez sentía su mirada sobre mi cuerpo pidiendo atención pero yo trataba de huir de ella desviándola a otros puntos del paisaje, era entonces cuando los ojos bonitos del chico bajaban su luz al suelo al igual que su cabeza y su cabello rubio al bajar la cabeza, se ondeaba ligeramente pegado a su frente. Con Finn pasaba la misma situación, excepto que era al revés, yo trataba de de arreglar la situación y dejar fuera los malentendidos porque Finn era un chico que no merecía tener una desilusión amorosa tan temprana; lo veía como un hijo al cual cuidar y desgraciadamente para él aquel vínculo jamás cambiaría.

Lidia –una amiga de mi hermana– y Charlie sostenían una conversación acerca de Kate Morton, una escritora reconocida por su gran atrape en una historia larga y exitosa sin necesidad alguna de ser romántica, lo sabía porque en algún momento había leído Las Horas Distantes y simplemente me engancharon a través de las más de quinientas páginas de aquel libro y su desenlace. Las chicas hablaban y hablaban mientras alternaban uno que otro spoiler de los libros de Kate y compartían sus puntos de vista. De repente, Lidia cambió el tema.

—Oye Ian, ¿y cómo estás con el maravilloso Liam Belzer?—interrogó, alzando las cejas provocativamente y soltando una pequeña risa—. Me enteré que tuvieron miraditas en el vestuario del club.

—Oh Dios, ¿quién lo dijo?—suspiré, cansado de los rumores.

—Jul—respondieron ambas con obviedad.

—Ella es una...—callé mientras rodaba los ojos y veía en la distancia a Finn dedicarme una mirada.

Los ojos azules de Finn se encontraban hundidos y fue cuando me preocupé, fruncí el ceño ligeramente mientras un matiz rosáceo aparecía en los pómulos pequeños del chico bajito; desvió su mirada a los “interesantes” casilleros. Me alejé de las chicas y me acerqué al chico tomándolo del cuello de atrás de la camisa evitando que se aleje y haciéndolo encararme.

Palabras de miel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora