#Especial 5: "Promesas de plata".

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—¿Por qué estamos aquí?—preguntó Finn con una sonrisa que se borró cuando vio hacia abajo y casi se desmayó ahí mismo

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—¿Por qué estamos aquí?—preguntó Finn con una sonrisa que se borró cuando vio hacia abajo y casi se desmayó ahí mismo. Vale, estaban muy alto.

—Hey, ¿quién te dijo que miraras abajo?—Lo tomó de la cintura, enredando sus brazos alrededor suyo y alejándolo de la cerca de madera de aspecto frágil. Alguien tenía que revisar eso, con cualquier cosa se podía caer.

Finn rio, volteando su rostro después de un instante para besar los labios quebrados del chico mayor, quien hizo una mueca al sentir los labios suaves de Finn contra los suyos, rasposos. Nathan acarició la mejilla del chico pequeño, retirando los mechones que comenzaban a crecer y tenían una tendencia a volar al rostro del ojiazul.

—Tú, o eso escuché.

Nathan hizo un pequeño sonido de asentimiento y acomodó entre sus brazos la cabeza del menor, quien sepultó su rostro en los abrigos en donde apenas y le llegaba el aroma natural de su novio, quien lo estrechaba con cariño y adoración, algo inefable para otros pero tan claro y a la vez borroso para ellos.

Aquel día hacía más frío de lo normal, tal vez porque estaban subiendo una colina y estaba nevando como si no hubiera un mañana. El cielo estaba blanco, completamente blanco, como una gran nube de algodón que abarcaba todo lo visible a su paso. Era un día apropiado para que aquellos dos amantes pudieran disfrutar un rato solitario en la colina sin que alguien les moleste, susurrándose cosas al oído y mimándose el uno al otro.  

—¿Ves eso de ahí?—señaló Nathan.

—Veo blanco, si a eso te refieres.

Nathan rodó los ojos, queriéndose molestar pero olvidándolo al instante después de haber visto a Finn con las mejillas coloradas, dándose cuenta de lo que había abajo y tomándole forma.

—Hey... Eso es muy lindo—musitó apretando las manos del mayor sobre las suyas y sonriendo ampliamente.

Eran dos palabras acompañadas de un corazón deforme con dos iniciales dentro, tan simples pero con un trasfondo que acompañaba siempre los recuerdos, el cariño, los porqués, los deseos y muchas otras cosas más que una pareja vivía. Era una letra propia de un chico, apenas y se lograba entender, pero ciertamente la única persona que realmente importaba le había entendido y era lo único que importaba y eso era muy bueno; aquellas letras algo más grandes unas que otras mientras veía el muñeco de nieve al lado con un número dos al costado.

Palabras de miel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora