Enamorarte de unas palabras es fácil. No, en serio es terriblemente fácil y más para Ian Hargitay.
El responsable es Liam Belzer.
Pero no sólo serán palabras de miel las que enamoren a ambos, también serán los actos que hagan participe el otro.
"...
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—¿Estás seguro, Ian? No dudo de tu decisión pero sabes que el pedir aquello a esos señores va a ser un fiasco y vas a salir realmente afectado—Lo sabía. Estaba preparado, lo había meditado tanto tiempo y era hora de hacerlo—. Mi amor, cada vez que hablas con esa señora tu autoestima baja y mi corazón de madre quiere ir y agarrarla de los pelos como ya lo hice una vez pero tú te opones a ello y yo no voy a ser la persona que le de un paro a esto. Cariño, si esto te parece bien me parece perfecto pero por favor, sea la respuesta que te den, ven a casa, ¿si? Ven a casa y permíteme ser la madre que nunca fui en mi vicio, ven a casa y permíteme estar a tu lado. Te apoyaré siempre porque te lo debo y tu padre piensa lo mismo—Mi padre asintió a sus palabras. Mi madre estaba llorando como nunca antes lo había hecho frente a mí mientras mi padre acariciaba su cabello y besaba su frente mientras me regalaba una sonrisa triste por lo que les había dicho—. No va a ser fácil, pero tu eres una persona perseverante y sabrás conseguirlo, esfuérzate mi amor, te adoro—Consiguió decir entre lágrimas. Solía pensar que las personas no cambiaban pero al verla a ella, tan arrepentida comprendí que pocas veces la había conocido, el vicio me la había arrebatado de mis manos—. Te adoramos como cualquier padre debe amar a sus hijos muy dentro y esto es muy tarde tal vez porque nunca llevamos una relación profunda pero meteré las manos al fuego por ti, siempre. Inclusive si tú no lo permites, lo haré.
Sonreí con tristeza. El ambiente estaba cargado de palabras que nunca me habían dicho y por más que contuviera el aliento y mordiera mi lengua, amenazaba con romperme de una manera u otra en los brazos cálidos de mi madre, quien me apretaba contra su pecho y se escuchaban sus sollozos. Podía hacerlo, podía soportar el no romperme pero desgraciadamente era un ser humano común y tenía miedo de las palabras que se quedarían grabadas a fuego en mi mente, podía ser una máquina pero tanta ciencia ficción hasta arrastró el concepto sentimiento a aquellas cosas.
Marché de la casa de mis padres con una sonrisa y unos ojos cargados en lágrimas mientras hacía una llamada corta que fue respondida por una voz déspota, que se rio pero accedió a mi petición por su marido.
Habíamos quedado en una cafetería cerca de nuestro departamento, aquella en donde compartimos la primera taza juntos, por lo que fui allí con mi optimismo de que todo iba a salir bien, pero incluso el mismísimo cielo gris decía lo contrario; un gris triste y desolado como se sentía mi interior en ese momento porque sabía la respuesta pero tal vez era demasiado idiota como para albergar una esperanza. Llegué al lugar que era muy hogareño y los dueños me conocían muy bien porque siempre frecuentaba allí con Liam cuando nos desvelábamos y teníamos clase, ahí estaba Bee (la hermana de Nathan) quien arqueó una ceja al verme allí sin Liam.