Alassia.
Hoy no seguiríamos un cronograma muy estricto, por lo que mi mañana comienza en la playa. Los profesores y alumnos optamos por disfrutar del hermoso paisaje marítimo a la luz del sol. Algunas chicas se recostaban sobre la arena blanca a charlar y leer revistas, otros simplemente bebían jugo bajo una sombrilla y, gente hiperactiva como mi grupo de amigos y yo, jugábamos a ahogarnos en el mar.
Tara me cargaba sobre sus hombros, Ollie hacía lo mismo con Sam, el objetivo era tirar al otro al agua. Todos en la playa parecían muy pequeños dado la distancia a la que nos encontrábanos, pero aún así pude distinguir a Wilhemina hablando con Hillary.
Pude distinguir como la rubia trataba de convencer a mi rectora de ir al agua en su compañía. Mina simplemente se negaba hasta que, tras cien intentos aceptó. Me quedé embobada cuando la vi quitándose discretamente su vestido blanco para dejar al descubierto su precioso cuerpo. No pude apartar mi mirada de su definida cintura y sus piernas perfectamente tonificadas, era... Perfecta.
Traía puesto un traje de baño celeste pastel que realsaba su hermosa piel ligeramente bronceada, sin embargo, se cubrió con una especie de salida de baño color crudo algo transparente. Su ondulado cabello caía detrás de sus hombros hasta casi la mitad de su espalda alta.
Estaba tan perdida en su figura que no vi cuando comencé a caer, en respusta solté un corto grito agudo. Mis amigos me ayudaron a ponerme de pie mientras reían de toda el agua que había tragado. Al menos se encontraba lo suficientemente cálida así que no sufrí tanto frío.
Tara trata de volverme a tirar, entonces decido adentrarme aún más al mar, ya habíamos pasado la rompiente de las olas, por lo que aquí el agua era muy calma. Sorprendo a la morocha por las espaldas y la abrazo contra mi, ambas terminamos empapadas tras caer.
—Oigan, deberían jugar menos rudo, Ivermony las estaba mirando y parecía que iba a asesinarlas.— Nos advirtió Sam.
—No lo creo chicos, qué tanto daño pueden generar unos tontos juegos inocentes.— Tara me abrazó por detrás y sonreí, era cierto, no estábamos haciendo nada que mereciera un castigo.
—¿Eso creen? Véanlo por su cuenta.— Dirijo mi vista a Wilhemina, quien nos observa con los labios apretados y cierto recelo en los ojos. Parece que en cualquier momento nos tomará por los pelos para arrastrarnos hasta la orilla.
Por puro instinto me desprendo del agarre de Tara y los cuatro nos dirigimos a la orilla para sentarnos a tomar el sol y portarnos como los angelitos que somos.
Una vez llegamos a tierra firme, caminando a nuestro lado pasaron nuestras autoridades, la idiota de Hillary llevando de su mano a Wilhemina. Ambas se dirigían entre risas acalladas al mar, en respuesta mi estómago sintió un horrible vacío por unos segundos, no hace falta mucho esfuerzo para notar que estoy verde de envidia.
Se encontraban dando todo un show, deberían haber visto las caras de los baberos de mis compañeros de curso, incluso de algunas chicas, aspecto que puntualmente me hizo desear arrancarles los ojos. Algunos pensarán que ver a tus profesoras en traje de baño es desagradable, pero para nosotros no lo era en realidad.
Wilhemina era joven, veintiocho años no son nada en su cuerpo, hasta parece de cuatro o cinco años menos. Y Hillary, aunque en este momento tenga ganas de ir y arrojarla personalmente a los tiburones, debo admitir que sus treinta y tantos le sientan de maravilla, si es que tiene esa edad, desconozco totalmente cuántos años tiene, aunque quizás haya terminado con mi rectora, parece ser que se conocen desde hace tiempo. En realidad es una mujer muy hermosa, sólo que mi Wilhemina lo es aún más.
—Estas dos deberían conseguir un cuarto, Hillary le vendería su alma al diablo con tal de llevar a Ivermony a la cama una sola vez.— Oí opinar a un compañero a mi izquierda. Si no hubiese tenido el autocontrol suficiente, lo más probable es que aquel chico ahora tuviera su nariz rota, ¿cómo se atreve a hablar así de ella?
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Efecto Ivermony
Fiksi PenggemarPara muchos estudiantes Wilhemina será su más grande pesadilla y les dará motivos para temblar. Pero, quizás Alassia no aplique a la regla. "(...) Quién hubiera dicho que a la profesora más temida de la institución, inalcanzable, fría, distante, abr...
