4. Dama dragón

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Alassia.

El día del campamento llegó, estoy muy emocionada por eso. Además, mi humor ha mejorado considerablemente luego de esos dos días en que ignoré la existencia de Wilhemina por completo. No me permitiría amargarme en uno de los momentos más importantes de mi último año y que sé que recordaré por el resto de mi vida. En mi vasta experiencia, pienso que los viajes escolares deben ser de las mejores cosas que existen, son divertidos, nadie para de reír y además, se generan las memorias más increíbles.

Tara y yo vamos riendo por el corredor con nuestras manos a más no poder de bolsos, Sam y Ollie casi caen por las escaleras debido a que llevan un equipaje demasiado pesado. Pasan el listado en orden alfabético mientras subimos al bus. Apartamos cuatro asientos en la parte superior del mismo, dos para nosotras y dos detrás nuestro para los chicos. Hablamos de cualquier tontería por horas, pero cuando todos comenzaban a caer dormidos optamos por hacer lo mismo, mañana nos esperaba un día largo y cansador, lo mejor sería recargar energías.

Recordé que había olvidado mi almohada y manta de viaje en el compartimento de arriba, las necesitaba para poder dormir cómodamente y mañana no tener dolor de cuello. Tenía la intención de buscarlas, pero lo malo era que Miss reglas tontas nos obligó a permanecer sentados en nuestros asientos a menos que sea para ir al baño. Sé que no está bien caminar en el bus como si estuviéramos en una calle, pero... Ir a charlar con otras personas, poner algo de música... Nada se podía hacer gracias a ella.

Que me disculpe pero yo buscaré mi almohada y mi manta, no pienso tener dolores mañana por la mañana. Me desabrocho el cinturón de seguridad y me pongo de pie.

—Cuida que no venga nadie Tara, no quiero que Ivermony me castigue y si me pongo de pie mientras el bus está en movimiento de seguro hará que el conductor de la vuelta para dejarme en el instituto otra vez.— Ella asintió riendo por lo bajo y yo me incorporé. Le estaba dando la espalda al pasillo, si alguien venía no lo vería hasta que fuera tarde. Buscaba pero no lograba encontrar la jodida manta.—¿Viene alguien?—Pregunté algo paranoica.

—N-no descuida, no viene nadie, tomate tu tiempo.— Logré sacar la almohada y la manta de mi bolso, los arrojé sobre el asiento para volver a abrocharme el cinturón de seguridad.

—Listo, le pondré candado al bolso. Si Ivermony me atrapara sería capaz de...—Fui interrumpida por de alguien aclarándose la garganta a mis espaldas, no hacía falta voltear para saber que se trataba de ella.

—¿De qué señorita Pevenssy? Termine su oración.— Le lanzo una mirada de sorpresa y enojo a mi morocha amiga quien no quería ni verme a los ojos, ¡¿qué acaso no había nadie Tara?! —Le pedí específicamente que no se pusiera de pie porque es peligroso, está castigada por romper una regla de seguridad. Deberá sentarse con los profesores.— ¡Noo!

—Me las pagarás...— Le susurro a mi amiga antes de ser arrastrada por Ivermony lejos de todos mis amigos.
Tara me sonreía con los dedos cruzados.

¿Esto era parte de su estúpido plan? Le juro que... Le prometo por lo que más quiera que si me toca dormir con la tonta de la directora no le hablaré por una semana. ¡Ugh! Me arrojaría por la ventana, antes muerta que dormir con ella. Ahora sí que estoy enfurecida, mi viaje ya empezó mal.

Llegamos a la parte delantera del piso superior, Hillary se encontraba sentada con el profesor de educación física con quien entabló una vívida conversación, gracias a Dios. Pero no todo acababa ahí, resultó ser que había un lugar libre al lado de donde se sentaba Wilhemina.

—Bueno... Supongo que te sentarás conmigo Alassia.— Suspire pesadamente y tomé asiento del lado del pasillo mientras que la morocha se apropió de la ventana.

Efecto Ivermony Donde viven las historias. Descúbrelo ahora