15. Música Victoriana

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Alassia.

Me encontraba sentada frente a un gran espejo en el detrás de escena del teatro. Sobre la impoluta mesa yacían mis brochas de maquillaje, la carta que mi madre me escribió acerca de los corazones rotos, y a su lado, el vestido que había escogido. Las reglas estaban estrictamente pautadas, este año, la temática de la muestra trataría la "época medieval", por lo que me tomé el trabajo de escoger un bello vestido estilo victoriano en colores azulados. 

En los camerinos a mi lado veía a otras chicas de las demás instituciones vestidas de igual forma que nosotros, lucían muy bien. Todos a mi alrededor se preparaban sumamente nerviosos, pero yo me encontraba estática admirando un punto fijo en mi reflejo. En mi mente se repetía toda mi mañana, la más incómoda que he vivido hasta ahora.

Daphne había dormido conmigo anoche, afortunadamente despertamos antes de que se nos hiciera demasiado tarde. Wilhelmina nos estaba esperando en el estacionamiento con Lena y ambos jóvenes desde hacía una hora, se suponía que debíamos estar a las seis en punto, pero ya pasaban unos minutos de las siete, su ira era palpable en el aire.

Pude notar la cara de enojo que puso cuando vio el estado en el que nos encontrábamos. Para empezar, la morocha se encontraba usando la misma ropa del día anterior dado que en nuestra carencia de tiempo sólo pudimos cepillarnos los dientes y el cabello para así vernos más presentables. Yo sólo había cambiado mi uniforme por un vestido suelto color gris y afortunadamente tomé un baño antes de asistir a la práctica de ayer, así que por eso no había de qué preocuparse.

Ambas teníamos pintas de recién levantadas y yo... Bueno, traía una que otro beso marcado en el cuello que no pude tapar. Obviamente, ninguno de los menores presentes se inmutaron de aquellos detalles, a diferencia de Whilemina que tenía expresión de querer asesinarnos. 

—Iremos en dos autos, en mi convertible sólo entra una persona más, detrás llevo lo necesario para nuestra estadía en el teatro, he de suponer que en su camioneta puede llevar a tres alumnos Daphne.— Habló impaciente la pelirroja.

—Así es, Allie quieres...— Daph comenzó, pero fue interrumpida antes de que pudiera decir algo más.

—Excelente, señorita Pevenssy, le pediré que me acompañe, debo hablar con usted acerca de su presentación. ¡Andando! Ya nos hemos retrasado bastante y no hay tiempo que perder.— Ni siquiera tuve tiempo a rehusarme que ya me encontraba sentada en su vehículo.
Encendió el auto para luego apretar el acelerador y así arrancar a toda velocidad.

Santo Dios... Algún día matará a alguien si continúa conduciendo de esa forma.

Nos mantuvimos calladas por un largo rato, no era incómodo, sólo estaba buscando las palabras correctas para decirle lo que había ocurrido anoche con Daphne, pero era inútil, ninguna oración me conformaba del todo.

—Tú y Hathaway.— Soltó inexpresiva, su frialdad a veces era escalofriante, sabía que estaba molesta, yo lo estaría, a fin de cuentas hice justo lo que no debía.

—Tú y Blanchett.— Creo que no fue lo mejor haber dicho eso. Sus ojos se posaron en mí por unos segundos, me examinaron con minuciosidad, parecía como si buscara algo desesperadamente.

—Creí que habías dicho que no podías estar conmigo porque soy tu profesora, pero aquí estás. En verdad estoy fascinada por saber, ¿te divertiste jugando conmigo Alassia?— Cada palabra se clavaba en mí como un cuchillo. —Me mentiste, y desearás no haberlo hecho.— Soltó con evidente enojo en la voz. Las lágrimas se asomaban por sus ojos, yo era la única responsable de ese dolor, yo era la dueña de sus tristezas.

—Por más que intente explicarte lo que sucedió con Daphne no me creerías.— Digo casi en un suspiro. Ella detiene el auto repentinamente y me mira a los ojos con intensidad.

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