Alassia.
Por lo que restó de aquella fiesta, no volví a despegarme ni de Daphne ni de Tara. Lo sucedido momentos previos será algo de lo que nadie nunca se enterará jamás.
Cuando entré a la casa luego de esa... "Conversación" con Wilhemina, recibí el interrogatorio de Diana del cual logré escaparme respondiendo a todo que estaba bien y que no había sucedido nada del otro mundo. Cosa que, aunque no sea completamente cierto, era una verdad a medias.
Cuando el reloj en nuestros celulares dio las doce en punto, le cantamos el feliz cumpleaños con mucha emoción a la morocha. Trajeron un delicioso pastel de tres pisos, relleno de fresas y chocolate. Realmente estaba para chuparse los dedos. Sopló las velas luego de pensar silenciosamente sus deseos, acto seguido, todos le dimos un fuerte aplauso.
También la vimos abrir sus obsequios mientras que disfrutábamos de ese exquisito manjar dulce. Entre el champagne y el cansancio, aquella noche dormí de maravilla.
El día del viaje a la cumbre llegó casi sin darnos cuenta. Tara se ofreció a acompañarme hasta la estación de ómnibus, donde miles de personas entraban y salían de cada una de las plataformas. Algunos se despedían abrazados con lágrimas, otros simplemente subían sin mirar atrás.
Aún faltaban unos minutos para que comiencen a embarcar y guardad el equipaje, por lo que decidí ir a comprar algo para comer en el camino.
La morocha llevaba mi equipaje de mano sobre su hombro, mientras que yo, por el contrario, acarreaba con mi gigantesca valijota.
—Te extrañaré esta semana.— Dijo pasando su brazo por sobre mis hombros, yo me colgué de ella y le sonreí. También la extrañaría. —Pero al menos estarás acompañada. Algo.— Dijo apartando la mirada hacia su costado, no entendí a lo que se refería.
—¿Por qué lo dices?— Nos hice tomar asiento en un banco junto a un puesto de revistas.
—Por ya sabes quien. Sé que estuviste llorando en mi cumpleaños... Pero fuiste tan noble que te sacaste las lágrimas y pusiste tu mejor sonrisa.— Sonrío y dirijo mi mirada culposa al suelo.
—Tara yo... Lo siento.— Quería disculparme, lo último que quería era arruinar su bella fiesta en su día especial.
—Oye no, no me pidas perdón. La pasé excelente, sólo hice el comentario porque me interesa saber de tí. Arreglaron las cosas ¿verdad?— Tomó mi mano y sonrío genuinamente.
Si sólo hubiese estado ahí...
—No exactamente.— Mascullo luego de un pesado suspiro. Niego y vuelvo a mirarla con algo de cansancio en mi porte, esta situación estaba drenado hasta la última gota de mis energías y mi positivismo. —Las cosas no están bien entre ella y yo. Wilhemina es muy... Testaruda.— Digo buscando las palabras correctas para describir a la pelirroja. En respuesta, el rostro de la morocha se entristeció.
—Por algo te enamoraste de ella, tu eres igual.— Soltó una melancólica sonrisa.
—El punto es Tara, que las cosas entre ella y yo... Jamás se arreglarán, y está bien así. Ya tengo una vida hecha, tengo un hogar, mi familia, una novia, a tí, mi carrera, próximamente mi título y mi trabajo. Aprendí a ser feliz a mi manera, a ser autosuficiente, a sanar mis heridas con madurez y paciencia. Ella no entiende que no la necesito en mi vida, ya no, y no me arriesgaría una vez más...— Mis palabras son cortadas.
—¿Por que no la amas o por algo más?— Ni yo lo sé... Ni tampoco quiero saberlo, la situación ya está demasiado complicada como para embarrar más las cosas.
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Efecto Ivermony
FanfictionPara muchos estudiantes Wilhemina será su más grande pesadilla y les dará motivos para temblar. Pero, quizás Alassia no aplique a la regla. "(...) Quién hubiera dicho que a la profesora más temida de la institución, inalcanzable, fría, distante, abr...
