27. Cumpleaños

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Alassia.

Aún me genera una increíble felicidad recordar aquella noche en que Mina me hizo el amor, fue tan... Dulce y paciente, en verdad me sentí segura con ella, se tomó el trabajo de tener mi consentimiento para cada acto que iba a cometer, besó hasta el último rincón de mí con una admirable delicadeza, como si de porcelana se tratase.
Es algo que jamás olvidaré, me alegra que haya sido con ella.

Luego de pasar unos días en la bodega, decidimos que sería mejor volver. Mina quiso llevarme a conocer uno de sus lugares favoritos pero, el vestido y los recuerdos de su cumpleaños número veinte la atormentaban hasta en sueños, literalmente. Pues, más de una vez se despertó asustada al punto de temblar por las pesadillas que tenía, e inútilmente, lo único que yo podía hacer era abrazarla hasta que vuelva a quedarse dormida. No la estaba pasando muy bien para variar, ninguna de las dos en realidad.

Aquel miércoles desperté gracias a los rayos de sol que se colaban por entre las cortinas, estaba sola. Me estiro para tomar mi celular, el cual descansaba en la mesa de luz del lado que duerme Mina. Adoro el hecho de que su perfume esté impregnado en las sábanas y ahora también en mí.
Al lado del aparato descansa una pequeña nota escrita en tinta violeta. Al parecer Mina tuvo una emergencia en el instituto y debe ir a atenderlo hasta la tarde.

Bien por tí Allie, nos sirve para planear lo que tienes en mente.
Marco para llamar a mi amiga, quien me atiende luego de cinco largos tonos.

—¡Tara! Estás despierta ¿cierto?— Suelto efusiva.

—Hola... Sí, algo. Estoy aburrida Allie, mañana es el aniversario de bodas de mis tíos y quieren hacer una fiesta, ahora mismo estoy inflando globos y estoy a medio pulmón de quedarme sin aire.— Río ante el comentario pero, a juzgar por el tono de voz de la morocha, se ve claramente que está aburrida.

—¿Te gustaría que te saque de ahí?— Le propongo aún riendo.

—Cualquier cosa es más divertida que esto, así que sí, libérame del aburrimiento por favor.— Suplica.

—Bien, ayúdame a planearle a Wilhemina una sorpresa, hoy cumple años.
¿Recuerdas esa fiesta que hicimos con los gemelos en primer año?—

—Claro, aún tengo parte de la decoración que ellos no quisieron conservar.— Excelente.

—Eso es lo que necesitaba saber, carga todo en una caja y ven ya a casa. Oh, casi lo olvido, si a tus tíos les sobran globos, trae un par de color preferentemente en púrpura o lila.— Le pido pensando en que aquél es el color favorito de la pelirroja.

—Vaya, vaya... ¿Quién lo diría? Alassia Pevenssy está enamorada de la profesora...— Se burla con tono tonto.

—Y además de enamorada también estoy comprometida. Adiós Tara...— Le cierro la boca de la mejor manera.

—Espera ¡¿qué?! Compromet...— Cuelgo antes de que pueda acabar su frase, sé cuánto le molesta no recibir una respuesta.

Tomo una ducha rápida y elijo un outfit particularmente del color que tanto le gusta a Mina. Una blusa de ceda blanca y, sobre ella un saco a juego con el pantalón en un lila pastel, en los pies, mis tacos favoritos, aros y collar de perlas. Oh, pero obviamente, las primeras prendas que coloco en mi cuerpo, debajo de toda la formalidad, es aquel conjunto de encaje que ella me obsequió.

Es claro lo que le espera esta noche.

Bajo a la cocina y saco los ingredientes necesarios para hornear un pastel. Huevo, harina, leche... Intentaré hacerle un glaseado con crema y fresas bañadas en chocolate, no hay mejor combinación que esa.
Mi magia culinaria es interrumpida cuando escucho unos golpes en la puerta seguida de la voz de mi morocha amiga. Salgo corriendo de la cocina con las manos llenas de crema y harina en la frente. Una vez que abro, logro verla cargando con tres cajas apiladas llenas de cosas dentro.

Efecto Ivermony Donde viven las historias. Descúbrelo ahora