Wilhemina.
El cuerpo no ha parado de temblarme desde que la vi recostada sobre la verdosa hierba al borde de la muerte. Lo primero que cruzó mi mente fue Cordelia, sus pálidas mejillas, sus labios morados y aquellos azulados dedos.
Si Hillary hubiera recurrido a mí un segundo más tarde... Tal vez ahora mismo estaría asesinando a Michael por la muerte de Lizzie.
Fue demasiado rápido, desde que él y Catherina visitaron mi casa aquel día, siempre he cargado conmigo una jeringa con el "antídoto" o sustancia que revierte los efectos del cianuro. No conozco a la perfección los componentes que contiene, pero sé que es de ayuda en caso de sufrir un envenenamiento. La misma no es curativa, sólo te da más tiempo para llegar a un centro médico.
Aquello fue lo que sucedió con la ojiazul, inyecté aquella jeringa en su pierna y la trajimos al hospital.
Una camilla se lleva a Lizzie de mi vista, los doctores actúan con tanta agilidad que me veo obligada a cerrar los ojos un momento para no marearme.
Con la mirada busco la recepción y, una vez que la encuentro, me acerco a paso firme. Enderezo mi postura y le hablo a aquella mujer de oscura tez que escribe a la velocidad de la luz en millones de carpetas y documentos.
—Escucheme señorita, yo me encargaré de financiar el tratamiento de la paciente que acaba de ingresar. Le dará la mejor atención y los mejores tratamientos cueste lo que cueste, ¿me ha oído bien?— Sus ojos se abren y me asiente sin discutir ni una sola palabra.
Han pasado ya dos horas. Tara y Hillary están intentando comunicarse con el padre de Alassia mientras que yo, por el contrario, me encuentro aguardando a que me dejen pasar a verla. Pronto, dos enfermeras salen de aquella tétrica habitación asintiendo en mi dirección, en señal de que puedo entrar.
Abro la puerta de par en par, Lizzie está conectada a una máquina chillona que me demuestra que aún sigue viva. La misma emite un irritante pitido que marca los latidos de su corazón. Algo era algo, escucharlo me ponía nerviosa pero también me calmaba. Pues, a través de aquel sonido podía darme cuenta que ella aún seguía aquí.
En costado izquierdo de la cama había una silla en la cual me senté simplemente a contemplarla. Se veía tan frágil, hace unas horas su vida dependió de un frágil hilo. Sus ojos, aún estando cerrados, se demuestran extenuados, producto del casi fatal episodio que vivió.
Un impulso me obligó a acercar esa silla un poco más junto a ella. Luego de unos segundos, me encontré tomándola de su mano, estaba tibia, una buena señal a decir verdad. Entrelacé mis dedos con los suyos y, con un profundo dolor pero alivio a la vez, dejé correr las lágrimas por mi rostro.
Me sentía inconmensurablemente tranquila de que hubiese respondido bien al tratamiento que estaba recibiendo. Me calmaba saber que saldría de esta. Sin embargo, aún así sentía dolor. Esta fue la gota que colmó el vaso.
Michael no parará hasta que ella esté enterrada a tres metros bajo tierra y, si de algo estoy segura, es que no permitiré que eso suceda.
Salvarla tiene un costo. Uno muy alto que estoy dispuesta a pagar a cambio de que jamás sufra. Aunque inevitablemente yo sí la haga sufrir cuando le rompa el corazón. No importa lo mucho que me duela, ella estará a salvo.
—Lizzie...— Susurro rompiendo con esa paz. Me aferro con más fuerza a su mano.
Casi la pierdo, temí tanto que eso hubiera sucedido, que se me fuera a escapar de entre los dedos. Mi cabeza cayó sobre su brazo de manera exhaustiva y empapando el mismo con mi lagrimeo constante.
Todo lo que había intentado reprimir hasta ahora, me quemaba la parte posterior de la garganta. Sentía punzadas en mi estómago y cabeza, todo era expulsado ahí en ese momento a través de un incesante llanto y silenciosos gritos internos.
Dolía verla así, dolía pensar en lo que hubiera pasado si me hubiera tardado apenas sólo un segundo... —No merecías pasar por esto. Perdón, por favor perdóname por todo lo que te causé. Eres la persona que más amo en el mundo, por la única que daría mi vida, por la única que haría lo que sea y... En lugar de cuidarte sólo te pongo en peligro. Por mi culpa Michael te vio, por mi culpa ahora estás así...— Me pongo de pie y beso su frente, a la vez que con mi mano acaricio sus largos mechones de cabello.
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Efecto Ivermony
Fiksi PenggemarPara muchos estudiantes Wilhemina será su más grande pesadilla y les dará motivos para temblar. Pero, quizás Alassia no aplique a la regla. "(...) Quién hubiera dicho que a la profesora más temida de la institución, inalcanzable, fría, distante, abr...
