Alassia.
Mi día sería distinto hoy, deambulaba sin rumbo fijo por los corredores. La suspensión que gané injustamente me permitió despertar un poco más tarde, aunque no hizo falta que ninguna alarma sonara, para las nueve y media ya me encontraba fuera de la cama, es como si tuviera un reloj biológico en mi cabeza.
Por primera vez sentí envidia de todos los que estaban dentro del salón de clases, me encontraba aburrida. Para variar tuve que quedarme en la institución, no iba a dejar que la loca pelirroja me llevase a casa y menos en la noche, dado que la práctica duró más de lo que habíamos estimado.
Podría vengarme de Wilhemina por lo de la suspensión, no es como si no lo hubiera hecho antes con otros profesores. Con Tara teníamos fama por ser bastante bromistas, por lo general todos los años cerrabamos con una gran broma. Pero no de las típicas maldades cobardes como poner una chinche en el asiento del maestro. No, me refiero a bromas jodidamente buenas.
En primer año nos mantuvimos despiertas toda la noche para colocar papel celofán en todos y cada uno de los focos de luz del instituto. Por la mañana, cuando encendieron las perillas, éramos iluminados por un show de luces de colores, Hillary nunca nos descubrió, pero era un secreto a voces, tal vez la directora no supo el nombre de los autores, pero los estudiantes obviamente se enteraron que éramos nosotras.
Solíamos firmar nuestras travesuras con la palabra "Vanssy", el apellido de mi amiga fusionado con el mío.
Otra de las bromas tuvo el apoyo de los mellizos, ambos saben de electrónica. Se encargaron de cortar y unir cables de la planta de energía a diferentes conexiones, entonces cuando algún profesor encendía la luz en un salón, el aula contigua se apagaba y así en todo el instituto.
Sin embargo, la mejor que hemos hecho hasta ahora fue la del año pasado.
Con Tara compramos latas de pintura de diferentes colores, a una de estas la vertimos completa en las bombas de agua de la piscina donde practica el equipo de natación. La segunda en la fuente que se encuentra en la entrada del instituto, donde en el centro yace una preciosa escultura de un hombre sentado mirando hacia el sur. Finalmente, una última en el tanque de agua que alimenta los lavabos, inodoros y duchas de toda la edificación. Ese día fue asombroso, se imaginarán lo que fue ver a Hillary saliendo de las duchas envuelta en una toalla completamente bañada en agua amarilla, la piscina teñida de rojo y aquel hombre de la fuente completamente transformado en el verdoso grinch.
Wilhemina era muy fácil de hacer enojar, cualquier tontería que haga la hará enfurecer. Pero... Mejor no, he dicho que quiero terminar este año de la mejor manera, y si nos descubren podríamos estar en graves problemas. Aún tengo muchas cosas pendientes por hacer antes de dejar el instituto, obviamente enamorarme de mi profesora no estaba en el listado ni era parte del plan. Sin embargo, no me privaré de hacer una masiva broma final como despedida.
Acabo sentada en una de las mesas de la desolada cafetería, hoy realmente no estoy antojada de mi latte matutino. Recargo mi cuerpo sobre mis brazos, en serio me gustaría estar en clases ahora mismo, el aburrimiento me está carcomiendo viva.
Repentinamente siento una mano recorrer mi espalda suavemente de abajo a arriba, volteó lentamente esperando a que sea ella, pero desafortunadamente no.
—¡Hola! ¿Puedo sentarme?— Daphne habló animada y yo le asiento con una pequeña sonrisa. Me encanta la manera en que irradia esa bella energía tranquila que me hace sentir realmente mejor. —¿Estás bien?— Volví a mover mi cabeza de arriba a abajo. —Pues avísale a tu cara niña. ¿Qué estás haciendo fuera del salón de clases? Acaso... ¿Te quedaste fuera Pevenssy?— Preguntó con cierto tono burlón. Me hizo reír.
—Así parece, sólo que esta vez me verás fuera por toda la semana. Me han suspendido.— Confesé con un poco de vergüenza.
—¡¿Tú suspendida?! Con esa cara de ángel y siendo tan responsable...— Sabía que había un poco de sarcasmo en aquella oración, volví a reír.
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Efecto Ivermony
FanfictionPara muchos estudiantes Wilhemina será su más grande pesadilla y les dará motivos para temblar. Pero, quizás Alassia no aplique a la regla. "(...) Quién hubiera dicho que a la profesora más temida de la institución, inalcanzable, fría, distante, abr...
