El saber que volveríamos al Colegio Wolfrahan, no me había dejado dormir muy bien que digamos. Había logrado conciliar el sueño solo un poco, pero, la tensión por volver a aquel lugar, me había mantenido la mayor parte de la noche despierta.
Aquel lugar en dónde había conocido a más personas cómo yo cuando sentía que estaba sola en el mundo. El lugar, dónde conocí a Jaxon, a mi tío Alejandro... dónde hice buenos amigos; como también, grandes enemigos.
Acostada en mi cama, observo el abanico de techo dar vueltas sin cesar; mientras, pienso en todo lo que he pasado. Bajo mi vista y miro la pared de madera que está frente a la cama; llena de aquellas palabras las cuáles había escrito mientras dormía.
Me resulta fascinante y escalofriante a la misma vez, saber que, a travez de aquel sueño, había echo aquello. Aún, por mi cabeza, pasa la pregunta de qué habrá en el lugar de las coordenadas.
Mi mente, no puede dejar de darle vueltas a la idea, de que puede ser una trampa de los Victorian. Tal vez, encontraron algún método para entrar en mi mente de alguna forma, y me estaban controlando para convencerme de que fuera a aquel lugar y embocarme... no lo sé, pero tampoco lo descarto por muy loca que suene ésa idea.
Escucho pasos en el pasillo fuera de mi habitación; creo, que mi papá se había despertado ya para prepararse e irnos al colegio, ya que, él quería que fuéramos antes de que el sol saliese para que así, se nos hiciera un poco más fácil la entrada... o eso creemos.
Miro a mi izquierda, Jaxon está completamente dormido; acostado de un lado dándome la espalda. Su torso desnudo como siempre solía dormir, aquellas pijamas grises con ilustraciones de unos rayos color amarillos, lo hacían ver muy tierno.
—Katrina... —Escucho la voz suave de mi papá frente a la puerta de madera de mi habitación; por lo que, me levanto con delicadeza de la cama y camino hacia allá.
Abriendo la puerta con lentitud; asomo mi cabeza por el espacio entre el marco y la puerta; mi papá, parado sin camisa, con su cabello mojado y con una toalla humedad en la mano.
—Hola, papá. —Murmuro para no despertar al chico de los ojos verde oliva.
—Buenos días, hija. —Me sonríe levemente. —Ya deben irse preparando. Justin está ahora en el baño dándose una ducha. —Susurra; yo asiento.
—Levantaré a Jaxon ahora. Todavía está dormido. —Digo en voz baja y éste asiente con su cabeza.
—Los esperamos abajo; iré a prepararnos café. —Comienza a caminar hacia las escaleras.
—Gracias. —Digo, y mi papá se voltea y me regala una linda sonrisa; para luego, colocarse la toalla sobre su hombro y bajar las escaleras rápidamente.
Al mi padre desaparecer, yo, cierro la puerta lentamente y comienzo a caminar hacia la cama dónde está el chico de los ojos verdes.
Despacio y sin asustarle, me acerco lentamente a él y le beso la frente delicadamente. Veo, cómo sus ojos se mueve un poco, para luego, abrirlos y mirarme con un poco de confusión. Yo, le regalo una sonrisa y éste, me la devuelve con una expresión de sueño y cansancio en el rostro.
—Buenos días, princesa. —Sonríe y procede a frotarse uno de sus ojos con la parte trasera de su mano.
—¡Buenos días su alteza! —Digo, y me siento frente a él, en el pequeño espacio que hay entre el borde de la cama y su cuerpo.
Jaxon, me hala por la cintura, y yo, caigo de espaldas sobre la cama entre risitas; él, se tira sobre mí y me tomas las manos, para luego, colocarlas más arriba de mi cabeza, pegadas al colchón. Su rostro, con aquella sonrisa pícara que me conozco tan bien.
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Vontrom Wolfrahan ©
Werewolf[Tercer Libro] Se dice que la venganza te consume el alma, pero... ¿Qué te puede consumir cuando ya no tienes una? ¿Cuando has sufrido lo suficiente cómo para que la luz en tu interior de desvanezca, cuando te han pisoteado tanto, que ya no sientes...
