Me quedo perpleja mirando a aquel hombre que tengo parado frente a mí, preguntándome, cómo era posible que supiera mi nombre y mi apellido.
¿Cómo es que me conoce?
¿Será cierto lo que dijo carlos de que ya ellos sabían de nuestra llegada?
Tenía demasiadas preguntas en este momento, tantas, que podría decir que mi cabeza me está dando vueltas con todos aquellos pensamientos y dudas que llevo en mi ser.
—¿Quién es usted? —Pregunto, dando un paso hacia atrás y mirando a aquel hombre de arriba abajo, quién me observa con suma tranquilidad y serenidad.
—No hemos tenido el momento de presentarnos. —Inclina un poco su cabeza, bajando la mirada al suelo, para luego, sus ojos, volver a los míos. —Mi nombres es Dawa Lui, soy el monje encargado de este monasterio. —Me regala una sonrisa, la cuál, yo no le devuelvo.
—¿Cómo es que sabe mi nombre? —Digo seria, mirándole fijamente a los ojos en tanto un sentimiento de desconfianza me abruma momentáneamente.
—Mis sueños, señorita Mcfan. —Dice, para luego quedarse unos segundos en silencio. Todos los chicos, se quedan callados y comienzan a prestarle atención a nuestra conversación en tanto nos observan atentamente. —Usted, a aparecido en mis sueños desde hace unos años.
—¿En sus sueños? —Digo, y siento, cómo mi pecho se aprieta al escuchar aquello.
¿A qué se refiere con sus sueños?
Acaso, ¿éste hombre soñó lo mismo que he soñado yo durante tanto tiempo?
—Usted lleva apareciendo en mis sueños por un largo tiempo señorita Mcfan. El mismo sueño, cada noche... siempre. —Dice, y lo veo tragar hondo. —Al principio, pensé que no significaba nada, que solo, era un sueño como cualquier otro en el cuál, tal vez, estaba un poco atorado y no podía salir de el. Pero, con el paso del tiempo, entendí, que usted era real y que llegaría aquí en este día junto con sus amigos, los cuáles estaban mal heridos.
Volteo mi rostro hacia mi padre lentamente, quién mira seriamente al hombre que está parado frente a mí. Siento, como todo mi cuerpo se estremece al escuchar aquellas palabras... al no saber, que pensar.
—Yo también tuve un sueño... —Murmuro, y el monje, se me queda mirando muy atento.
—¿Qué sonó usted, señorita Mcfan? —Pregunta, con una voz suave. En su rostro, un toque de curiosidad el cuál éste, intentaba a toda costa disimular.
—Soñé con las coordenadas de éste lugar... —Bajo mi mirada al suelo, en tanto recuerdo todo lo que pasamos por estar aquí... por llegar, a este templo. —Soñé cada noche, con cómo me caía de aquella cascada. —Vuelvo y subo mi mirada hasta que la de Dawa y la mía, se vuelven a cruzar. —Unas voces, me repetían una y otra vez las coordenadas. En un principio, pensé como usted, que solo era un sueño cualquiera, debido tal vez, al cansancio o a la frustración que sentía por la muerte de mi madre, pero... con el paso del tiempo, también entendí que no era solo un simple sueño como cualquier otro, sino... que era real. —Hablo en voz baja y veo, como Dawa se me queda mirando fijamente mientras, un suspiro abandona su pecho.
—Impresionante. —Murmura, colocando delicadamente su mano sobre una de sus cejas en tanto baja su mirada al suelo. —El destino nos unió de una forma peculiar. Ya que, yo soñé con su llegada; sabía el día en especifico que llegaría... la hora. —Murmura observándome. —Sabía, que vendrías con tres heridos, pero no sabía cuantos más te acompañarían. —Mira a su derecha y observa a los demás chicos con una sonrisa en los labios. —Sabía tu nombre y apellido, el tipo de sangre de tu amigo... e incluso, las heridas que tendrían. Es por eso, que me preparé para su llegada. A pesar de que todos pensaban que había enloquecido; seguí mis instintos... y aquí estás ahora. —Dice, y siento, cómo mis ojos se cristalizan, comenzando a formar lágrimas en ellos, las cuáles me rehuso a toda costa a soltar.
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Vontrom Wolfrahan ©
Lobisomem[Tercer Libro] Se dice que la venganza te consume el alma, pero... ¿Qué te puede consumir cuando ya no tienes una? ¿Cuando has sufrido lo suficiente cómo para que la luz en tu interior de desvanezca, cuando te han pisoteado tanto, que ya no sientes...
