Me quedo observando a aquel hombre que tengo parado frente a mí... mirándole justo a sus ojos, queriendo atravesar su alma y ver dentro de ella.
No podía creer lo que mis oídos habían escuchado hace unos segundos. Tenía a los Victorian justo frente a mí, tenía a aquellos que tanto he buscado tanto, a solo dos pasos de mi rostro.
Cierro mis puños con fuerza a ambos lados de mi cuerpo. Frunciendo mis labios en tanto aprieto mis dientes fuertemente.
El coraje y el odio que siento ahora mismo recorrer mis venas, no tiene explicación... no tiene comparación.
Nunca había sentido algo así, jamás me había sentido como lo hago ahora. Ese sentimiento que abarca mi corazón en estos instantes, es deprorable; no puedo dejar de mirarles a los ojos y no sentir la necesidad de matarles.. de hacerles pagar por todo el sufrimiento y el dolor que estos han causado en mí.. en mi familia, en mis amigos.
Al escuchar el nombre de los Victorian, por intuición, me muevo para intentar partirles la madre a estos dos seres despreciables que tengo frente a mí, pero, el filo de aquella navaja cortando un poco la piel de mi cuello, me hace recordar que estoy acorralada.
Un pequeño dolor punzante se refleja en mi garganta y siento, como un poco de líquido tibió baja por mi cuello.
—Tranquila linda, no queremos que te lastimes. —Dice el encapuchado que está tras de mí sujetando el arma contra mi garganta.
Yo, hago un rugido en tanto frunzo mi entrecejo con fuerza.
—Katrina querida, nos complace enormemente que estés aquí... —El Victorian que tengo en frente, extiende sus manos y señala todo a su alrededor. —Aquí, en el castillo. —Sonríe observándome.
—¡Suéltala infeliz! —Escucho la voz de Jaxon. El Victorian, se da la vuelta y lo observa; al éste echarse a un lado, Jaxon queda en mi rango de visión; tres encapuchados sujetándole con fuerza.
—No puedo hacer eso caballero. —Dice el Victorian acercándose al chico lentamente. Mi pecho se aprieta al verlo caminar hacia el chico de los ojos verde oliva, al no saber, de lo que estos malnacidos serían capaces de hacerle a los chicos.
Veo, como aquel Victorian se acerca a Jaxon y se para frente a él, para luego, extender su mano y tomarle el rostro por la quijada con fuerza; obligándole a mirarle a los ojos.
Apretándole con fuerza el rostro, el Victorian mira al chico de los ojos verdes fijamente por algunos segundos, cuando de repente; Jaxon, escupe en el rostro al hombre.
Un inmenso silencio se apodera de la habitación al todos ver aquello, y es en ese momento, en el que sé, que Jaxon se había metido en verdaderos problemas.
—¡Pendejo! —Dice Jaxon, mirando de arriba a abajo, con mala cara al Victorian.
El Victorian, con mucha paciencia y delicadeza, saca un pañuelo blanco de sus ropas, lo estira y procede a limpiarse el rostro sin decir una sola palabra.
Todos, nos quedamos callados observando aquella escena; nerviosos... expectantes de lo que iba a pasar ahora.
Vemos, como luego de que el Victorian se limpiase el rostro, éste procede a doblar aquel pañuelo blanco y colocarlo dentro de sus ropas nuevamente. Subiendo su mano a su cabeza, pasa sus dedos por entre su cabello y se voltea, dándole la espalda al chico de los ojos verdes, para luego, cerrar sus ojos y soltar un suspiro.
—¡Mátenlos! —Dice, levantando su mano al aire y moviéndola haciendo una señal hacia los encapuchados para que se los llevasen.
Inmediatamente, los encapuchados comienzan a halar a los chicos para llevárselos.
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Vontrom Wolfrahan ©
Manusia Serigala[Tercer Libro] Se dice que la venganza te consume el alma, pero... ¿Qué te puede consumir cuando ya no tienes una? ¿Cuando has sufrido lo suficiente cómo para que la luz en tu interior de desvanezca, cuando te han pisoteado tanto, que ya no sientes...
