Capítulo 12

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Durante el transcurso a casa de doña Julia, los chicos y yo, habíamos estado muy atentos a que los encapuchados no nos siguieran. No había señales de los encapuchados en lo que fue todo el camino, lo que se nos hizo muy extraño. Mi padre, aunque ya no hubiera señales de aquellos hombres logo, continuó conduciendo a toda prisa por aquellas carreteras.

Al adentrarnos al camino de tierra que conducía a la granja de doña Julia, pudimos ver la casa en la lejanía. Todo se veía normal y en orden, por lo que eso, nos dio un gran alivio.

Llegando frente a la casa de doña Julia, mi papá, aparcó la camioneta frente al balcón, y sin apagar el motor, todos, saltamos de ella y corrimos hacia dentro de la casa.

Una vez dentro, vemos a todos los chicos y a la señora Julia en la cocina. Wesley, Carlos y Sam, ayudándola a colocar los platos del desayuno sobre la mesa; Lian y Austin, ayudando a la señora Julia a preparar el desayuno en la estufa.

—¡Miren, llegaron los chicos justo a tiempo para el desayuno! —Dice la señora Julia con una sonrisa en el rostro.

—Señora, Julia. —Dice mi papá un tanto agitado por el correr; llegando al área de la cocina a toda prisa. —¿Nos podría dejar solos un momento?—Habla con pena. —Disculpe mi falta de respeto, pero... es muy importante. —Suspira.

Veo, cómo la señora Julia asiente. Colocando sobre la encimera de la cocina, aquellos utensilios que estaba usando para freír los huevos que estaba haciendo en el sartén. Sin decir mucho más, doña Julia, con una sonrisa en los labios, se encamina hacia fuera de la cocina. Cuando está pasando por al lado de mi padre, se detiene y le mira con ternura.

—No es una falta de respeto querido. —Sonríe, colocando su mano sobre le hombro de mi padre. —Espero que todo esté bien. —Dice, para luego, alejarse y comenzar a subir las escaleras en dirección a su habitación.

Noto, cómo todos los chicos, nos miran espantados; asustados por nuestra entrada tan repentina...

—¿Qué está pasando? —Austin, nos mira con una expresión de temor en el rostro.

—Debemos irnos... —Dice mi padre con un tono de voz firme. —¡Y es ahora! —Demanda.

—¿Pero qué mierdas? —Dice Wesley observándolos. —¿Qué les a pasado? ¿Por qué están todos machacados? —Nos mira las heridas que todos tenemos en el cuerpo.

—Los encapuchados nos han encontrado... —Digo, sintiendo una presión en el pecho. —Y puede que nos hayan seguido. —Al aquellas palabras salir de mis labios, veo, cómo los rostros de todos los chicos, se tornan pálidos. Sus corazones se aceleran, en tanto, su respiración, se torna irregular.

—¿Los... encapuchados? —Tartamudea Carlos sin quitarme la vista de encima.

—Nos han atacado en el colegio, son muchos... demasiados, y más fuertes. —Habla el chico de los ojos verdes. Lian, se lleva las manos a la cabeza mientras comienza a caminar en círculos por la cocina.

—¡Esto es un puta locura! —Dice Lian. —¡Después de dos años sin un solo rastro de ellos, ahora nos encuentran...! —Murmura entre dientes. —¡Tenemos que irnos antes de que vengan hasta acá y sea peligroso para la señora Julia! —Dice y todos asentimos.

Inmediatamente, los chicos, suben las escaleras a toda prisa para comenzar a empacar lo que podamos. Mi padre, sube a buscar a la señora Julia.

Una vez en mi habitación, Jaxon y yo, comenzamos a llevarnos algunas mudas de ropa junto con algunas de las cosas más importantes para nosotros. Todo, metiéndolo en aquellos bultos de espaldas con los cuáles habíamos llegado a este lugar hace unos años.

Vontrom Wolfrahan ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora