Capítulo 4.

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"Y si me ves mordiéndome los labios, es precisamente para evitar terminar arrancándote los tuyos".

Edwin Vergara

NARRADOR OMNISCIENTE.

Sentadas en una de las mesas lejos de los demás, tanto Rosé como Lisa conversaban de temas triviales, ya sea de cosas para mantener el ambiente cargado con una conversación o especificamente de personas. 

En este caso, es de Jennie, Lisa no dejó de investigar ni en un solo momento acerca de la chica.

—Toda su vida fue así, cuando eres el ejemplo de papi y mami, es muy difícil cometer “Impurezas” —Rosé hizo comillas con sus dedos.

Lisa no apartaba la mirada de Jennie, o de vez en cuando se atrevía a lanzarle miradas, raro era que Lisa no buscaba más que observarla por el hecho de que Jennie la cautivó a simple vista. La primera vez no tuvo la oportunidad observarla como tal, ahora que la tiene no la deja escapar.

Jennie fingía no notar aquella mirada sobre ella, pero Lisa parecía querer leer sus más profundos pensamientos.

—No puedo creerlo —musitó Lisa.

—¿El qué?

—Eso. Que nunca se haya dignado a tener ni siquiera novio, no es la gran cosa, pero... ¿En serio su vida es tan controlada?

Rosé sonrió, —No solo la de ella, es que es difícil pensar en tener algo en un pueblo como este; cámaras, no solo de las que funcionan con electricidad, sino también las que funcionan a base de comida, agua y luz solar, las vecinas son muy chismosas —se metió un poco de comida en la boca, tragó para seguir hablando—. Créeme, Jennie es el ejemplo a seguir, la niña perfecta.

—¿Hace cuanto su padre es el pastor? —preguntó Lisa.

—Si no me equivoco, puede que tenga diecisiete años, la misma edad de Jennie. Mi madre va a su iglesia y por obligación tenemos que ir mi hermana y yo, mi hermana lo detesta con todas sus fuerzas, ese hombre no hace más que gritar a los cielos, lo importante que es el matrimonio, tanto así, que quiere buscar pretendiente para su hija.

Lisa entrecerró los ojos, —Pero sí está muy joven.

—Exacto. Debe ser muy incómodo para ella, porque... vamos a ver, ni siquiera sabe de la sexualidad, y literal, aquí no dan nada sobre eso. Está totalmente prohibido, aquí las cosas son muy limitadas, Lisa.

—Me parece increíble —los ojos de Lisa cayeron sobre Rosé—. ¿Y por qué Jisoo no te hace caso? —preguntó la pelinegra.

Rosé evitaba el tema, no era difícil hablar de eso, pero para ella era mucho mejor tener otros temas de conversación, a Rosé más que gustarle para bromas y para un rato, Jisoo empezaba a significar mucho más. 

-Ya sé, nunca te han dicho no, a ti, ¿cierto? -inquirió Lisa.

Rosé se encogió de hombres, —Miles de veces, pero Jisoo es diferente, me encanta —se sinceró.

Lisa sonrió, —Es guapa, con todo respeto, y te deseo suerte con ella.

—Sin duda, es tremenda mujer, mírala, pero no mucho.

—¿Sabes? Creo que me estoy interesando más por la iglesia —le echó un vistazo a la castaña—, hay chicas muy especiales ahí.

Al otro lado, Jisoo, Jennie y Doyeon conversaban de cualquier cosa que se saliera del tema habitual, centrándose en pasar un agradable momento.

Jennie pretendía que la mirada de Lisa le daba igual, miles de personas, ya sean hombres en su mayoría, la miraron de esa manera, pero esta era diferente. Lisa era una mujer y fue la misma persona que le habló de aquella manera, faltándole al respeto y utilizando un tono grosero, no obstante, no apartaba la mirada de ella.

Amando La Terquedad De Tu Alma. (Jenlisa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora