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Nunca moriría por mis creencias porque podría estar equivocado" (Bertrand Russell)
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Harry abrió los ojos un día más.
La noche anterior, después de casi acabar a golpes con Louis, llegó a su habitación y disfrutó de poder caminar sobre el habitáculo con libertad. Sentir las frías baldosas bajo las yemas de sus pies, poder sentarse frente al ventanal y contemplar la zona limitada del poblado que alcanzaba su vista, y poder dormir en la posición que quisiera, por supuesto no en esa cama, acabó con los huevos hinchados de esa mierda de colchón.
No supo muy bien porque Louis cambió de idea tan repentinamente, pero tampoco se iba a oponer a ello.
Cuando despertó no pudo creer que no estuviera atado a nada. Observó sus muñecas libres. Pasó sus dedos por las rozaduras que le hicieron los agarres de cuero sobre su piel.
Dolía, sí. Pero no tanto como estar atado como si fuera escoria.
Al menos ahora tenía su ropa y no estaba atado a ningún lado. Podía caminar, estirar la espalda, recorrer los mismos puntos de la habitación una y otra vez hasta aprenderlos de memoria.
Sí, era una situación nefasta, pero podría ser mucho peor.
Durmió toda la noche con la cabeza apoyada sobre el cristal y sus rodillas pegadas a su pecho. Desde luego se levantó con menos dolor que en las anteriores noches.
De hecho fue reconfortante dormir en aquella posición, le recordaba a las frías noches bajó la luz de la luna, el frío que calaba sus huesos, la luz naranja del fuego que le acompañaba en las noches más oscuras y el canto de las cigarras que le ponía banda sonora a todas sus madrugadas.
Tan solo le faltaba la luz naranja de su fogata y el canto de las cigarras. Con la luz blanquecina de la luna que se colaba por esa ventana y el frío de aquella habitación podía hacerse un apaño.
Despertó justo cuando el sol comenzaba a salir. Fue tan increíble ver como las personas hacían vida normal en aquel refugio. Parecían felices, como si nada en el exterior fuera capaz de perturbar su serenidad.
Caminaban tranquilos, sonreían, disfrutaban del sol y la compañía del resto... eran felices.
¿Por qué mierda eran felices?.
La cabeza de Harry no era capaz de concebirlo. No era capaz de entender porque sonreían. Sonreír nunca fue una opción para Harry, nunca encontró el motivo para hacerlo.
De pronto el sonido de la puerta le obligó a apartar la mirada del cristal. Su corazón casi se le sale del pecho al escuchar el pomo girar.
Observó una cabellera rizada atada en un moño cruzar la puerta. Por un momento pensó que Louis hubiera sido el que atravesaría esa puerta. Suspiró aliviado al no encontrarse con esos ojos azules frente a frente.
Tan solo era la embarazada que huyó de su habitación horas atrás.
La joven llevaba una bandeja metálica en sus manos. Se quedó petrificada en el sitio observando a Harry sentado en el suelo, al lado de la sábana y almohada que pertenecían a la cama de la habitación.
—Buenos di-... ¿Has dormido ahí?—Harry la observó en silencio. Pestañeo un par de veces sin decir palabra alguna.—Yo no juzgo la manera de dormir de nadie, pero no se si estás enterado de que tienes una cama ahí—Con uno de los dedos que sujetaban la bandeja, señaló la cama.—Con un colchón y esas cosas que siempre están muy bien para no desarrollar una tortícolis.
—¿Torti- qué?
—Tortícolis. Cuando se te contraen los músculos del cuello por la mala postura.
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𝚃𝚑𝚎 𝚠𝚘𝚛𝚕𝚍'𝚜 𝚗𝚘𝚝 𝚜𝚊𝚏𝚎 𝚊𝚗𝚢𝚖𝚘𝚛𝚎 ᴸᵃʳʳʸ ˢᵗʸˡⁱⁿˢᵒⁿ
Hayran KurguMamá siempre decía, "Cariño, acuéstate y deja prendida la luz. Cuando termine de redactar el informe de hoy subiré a darte el beso de buenas noches", pero aquel beso nunca llegó... Un virus arrasa con el 76,2 % de la población mundial. A diferencia...
