Capítulo veintitrés

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"El cambio es la metafísica de nuestra era".
(Warren Bennis)

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...♔♔♔...

Querido diario, hoy se cumple otra semana desde que no veo a Louis. Me da miedo el simple hecho de encontrarme con él. Sé que tendrá que pasar en algún momento, pero intento evitarlo a toda costa. Quisiera convencerme de que no quiero verle porque le odio, (y es cierto), pero me da más miedo acabar como en nuestro último encuentro. Dios, aún no he podido quitarme de la cabeza sus dedos.

He intentado lavarme lo máximo posible, restregar con fuerza mi piel hasta volverla roja y aún siento que no puedo desprenderme de su repugnante olor.

Por la noche cierro los ojos y le veo, veo esa estúpida sonrisa y esa mirada que tanto odio. Siento sus manos en mi cuerpo y se me pone dura simplemente con imaginarme su aliento chocar en mi cuello.

Pienso en él hasta cuando estoy trabajando en el campo. Me quedo mirando a la nada hasta que reacciono y sigo con mi tarea. Incluso el otro día se me cayó la puta azada en el pie por andar pensando en ese gilipollas cuando no debía. Esos imbéciles cabezas de pene comenzaron a descojonarse nuevamente, saluda a mis nuevos compañeros de trabajo...

Son insufribles, cada vez que tienen la oportunidad me preguntan cosas absurdas o se ríen de mí. Juro que se me está agotando la paciencia. No sé cuánto aguantaré sin clavarles una pala en el cráneo.

Pero bueno, deséame suerte el día de hoy. Reza para que hoy no sea el día en el que vuelva a ver a Louis.

...♔♔♔...

Harry llegó un día más a aquel trabajo que no le disgustaba del todo, si no fuera por aquellos gilipollas que nada más verle comenzaban a reírse y señalarle.

A penas el sol se dejaba asomar entre rayos dorados que hacían brillar en un tono anaranjado la piel, nuevamente tostada, de Harry; y ese grupito ya tenía energía como para comenzar el día entre mofas y burlas.

Les ignoró, soltando su mochila en el suelo y quitándose la sudadera para comenzar a trabajar. Sujetó entre sus dientes aquella pulsera de hilos azules que hacía varios días le había regalado Hanna, para después amarrarse el cabello en un moño despeinado.

Harry era capaz de escuchar sus patéticas voces mofándose de él. Tan solo era escuchar su maldito nombre salir de sus asquerosas bocas y la furia de Harry se triplicaba. Sabía que esos imbéciles no merecían siquiera un mínimo de su atención y fue lo que hizo durante todos esos días en los que ellos no le dejaron en paz, no prestarles ni un mínimo de atención. Pero con cada risa y murmullo sentía que sus entrañas se iban colmando lentamente de furia y ciertamente no sabía dónde se encontraba su límite.

Muchas veces clavaba la pala en la tierra y debía apretar fuerte el mango con sus manos, hasta que sus nudillos se tornaran de color blanco. O morder su lengua para contener sus ganas de armar una pelea. sinceramente no le apetecía en absoluto acabar el día con una tragedia.

Aunque siendo honestos, fantaseaba todos los días con la idea de acabar a golpes. Quizás algún día lo cumpliría. ¿Quién dijo que no pudiera ser hoy?

No supo bien cuando aquellos fortachones le tomaron como blanco fácil para las burlas. Aunque Harry sospechaba que probablemente tomaron como excusa el día en el que uno de los suyos se lesionó por hacer el orangután y Harry no pudo contener la risa floja. Aquello no era culpa suya tampoco, no podía culparse por sentirse superior a todos aquellos machitos con complejo de delincuentes.

𝚃𝚑𝚎 𝚠𝚘𝚛𝚕𝚍'𝚜 𝚗𝚘𝚝 𝚜𝚊𝚏𝚎 𝚊𝚗𝚢𝚖𝚘𝚛𝚎 ᴸᵃʳʳʸ ˢᵗʸˡⁱⁿˢᵒⁿDonde viven las historias. Descúbrelo ahora