Capítulo treinta y tres (parte 3)

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«We'll be fine line, We'll be alright»

Harry Styles

Harry sentía un dolor agudo en la cabeza. Un dolor que combatía con el frío gélido de sus extremidades. Un olor a chamusquina y diversos ruidos que era incapaz de identificar, como si estos se fusionaran con lo más profundo de su mente. Progresivamente, su cuerpo comenzó a entrar en calor. Notaba el torrente sanguíneo correr por sus venas, desde su cabeza hasta la punta de sus dedos adormecidos. También escuchaba su corazón palpitar, como si estuviera encerrado dentro de si mismo con aquel músculo bombeante. Latidos huecos que escuchaba en el interior de su cabeza.

Escuchaba una leve vocecilla al fondo de su cabeza, casi como el vuelo de un mosquito, que cada vez tomaba más consistencia. Vociferaba su nombre y este rebotaba en todas las esquinas de su consciencia opaca, era la voz de una mujer, ¿pero quién podría ser?, ¿su madre?, ¿Gemma?, ¿quizás Hanna?, sí, sin duda aquella voz sonaba igualita a la de Hanna.

—¡Harry!, ¡Harry por favor levántate!

¿Cuánto llevaba tirado en el suelo?, no sabía distinguir si habían pasado tres o treinta minutos. Un zumbido molesto que le aturdía por completo y un agudo dolor punzante en sus sienes hizo que apretara los párpados y frunciera el ceño. ¿Por qué le costaba tanto respirar?. Por más que intentara tomar bocanadas grandes de aire no conseguía llenar sus pulmones ni a la mitad.

Abrió despacio los ojos cuando las voces se hicieron imposibles de ignorar. Veía borroso, pero se hizo algo soportable al pestañear un par de veces. Sus ojos pesaban, tenía la cara acartonada y su boca sabía a humo. Miró el techo durante unos segundos, viejo y mohoso, lleno de tuberías. Intentaba hacer memoria de dónde estaba y de cómo había llegado allí, pero escuchar de pronto los gritos de Hanna junto a un gargoteo insoportable, hizo que cayera de bruces desde la ensoñación a la realidad.

—¡Harry ayúdame!

El nombrado se incorporó de sopetón. Sin poder ignorar el puntiagudo dolor de su cabeza, podía reconocerlo, quizás le harían falta un par de puntos. Le restó importancia, pues cuando ubicó a Hanna, esta intentaba zafarse de las garras de Bill.

No analizó la situación en detalle, pero a primera vista pudo deducir que aquel monstruo ya no era Bill, sino un carroñero más. Dio un par de zancadas hasta aproximarse lo suficiente a la embarazada. Asimismo, tomó al joven podrido de los hombros, apartándolo de inmediato. Harry se tambaleó a punto de caer, pues aún su cabeza daba vueltas. Todo pasó muy rápido, fue como si miles de fotogramas en su cabeza se reproducieran a toda velocidad, una velocidad casi imperceptible para el ser humano y sin saber muy bien cómo, de un momento a otro tenía a Bill encima. Un saco de huesos y carne que gruñía igual que todos los muertos. Todo lo que alguna vez había sido Bill ahora tan solo se reducía a un ser herrante y apestoso, que gimoteaba desesperado por llevarse algo vivo y caliente a la boca. El rizado lo observó detenidamente inmovilizándolo desde los hombros, la cara que consideraba de un joven apuesto estaba completamente fundida, carbonizada, podía ver parte de su cráneo a través de su piel calcinada.

No supo reaccionar, se quedó completamente inmóvil.

Por suerte, Hanna se arrastró hasta ambos cuerpos y clavó su cuchillo en el cráneo de Bill. Este cayó como el plomo sobre el cuerpo de Harry.

El rizado se quedó paralizado durante varios segundos mirando el techo con los ojos bien abiertos y su pecho subiendo y bajando violentamente. Ni siquiera hizo el esfuerzo de quitarse a Bill de encima.

𝚃𝚑𝚎 𝚠𝚘𝚛𝚕𝚍'𝚜 𝚗𝚘𝚝 𝚜𝚊𝚏𝚎 𝚊𝚗𝚢𝚖𝚘𝚛𝚎 ᴸᵃʳʳʸ ˢᵗʸˡⁱⁿˢᵒⁿDonde viven las historias. Descúbrelo ahora