-Hola, preciosa. Al fin te encontré -habla mirándome de arriba abajo con media sonrisa.
-Qui... ¿quién eres? -mi voz sale temblorosa.
-Tu dueño -dice con una sonrisa divertida, lo cual hace que un escalofrío pase por toda mi columna vertebral. Pero...
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Alex no me dijo nada más, llegamos a la mansión y de inmediato subí a mi habitación, para después acostarme.
Quiero conocer a Ethan. Tal vez sí es cierto de que tengo un hermano y yo no estaré más sola. Alex no podrá hacer conmigo lo que le plazca. Estoy convencida de que me quiero ir con ellos.
Bajo a la cocina y me encuentro con Melissa preparando la cena. La saludo y me sirvo un poco de zumo de naranja.
—Señorita, ya la cena está lista. Me haría el favor de decirle al señor Owens, mientras yo arreglo todo.
—Sí. Yo le digo.
Salgo a buscar a Alex, me imagino que está en su despacho. Cuando llego, toco la puerta escuchando un adelante.
Entro y lo veo revisando unos papeles.
—Hola, la cena está lista. —Me siento en el sillón. Observo el lugar, todo está bien cuidado y decorado —. ¿Qué haces?
—Reviso los estados financieros de mis empresas.
—¿O sea que eres millonario?
—No como me gustaría, pero sí, lo soy. —Ordena los documentos y los deja en el escritorio en una carpeta —. Cuando era niño no vivía muy bien. Vivíamos en condiciones precarias.
—¿Cómo es que tienes tanto dinero?
—Mi padre y un amigo suyo decidieron hacer un negocio. Alquilaban habitaciones, así hasta que hicieron el hotel más prestigioso de la ciudad. —Se pone de pie —. En ese entonces vivíamos en otro estado. El punto es que fueron creciendo, hasta que un día hubo un incendio en nuestra casa. No sabemos qué sucedió. Yo tenía veinte años y tenía dos hermanos gemelos; ellos murieron incinerados. Yo había salido con una chica, así que no estaba en casa. Mis padres llegaron con los signos vitales muy bajos. Estuvieron por horas en cirugías.
—Lo lamento, Alex. —Sostengo su mano dándole un leve apretón. Él me sonríe y hace que me ponga de pie.
—Después de un tiempo, cuando al fin me dejaron verlos, no podía creerlo. Mis padres estaban sin una quemadura, ni rastros de lo que los médicos afirmaron. Mi abuelo, me sonrió invitándome a pasar. Él me dijo que mi vida cambiaría, que no podíamos ser más débiles.
—¿Él ya era un vampiro?
—Sí. Unos cazadores irrumpieron en mi hogar. Ellos asesinan vampiros, creyeron que mis abuelos estarían y como también querían venganza, iniciaron el incendio.
—Cuanto lo siento —acaricio su mano. —Debió ser muy duro para ti la muerte de tus dos hermanos.