-Hola, preciosa. Al fin te encontré -habla mirándome de arriba abajo con media sonrisa.
-Qui... ¿quién eres? -mi voz sale temblorosa.
-Tu dueño -dice con una sonrisa divertida, lo cual hace que un escalofrío pase por toda mi columna vertebral. Pero...
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Termino de hacer la tarea y guardo todos mis útiles en la mochila. Quiero tener todo listo para cuando llegue Derek. Miro la hora y son las ocho de la noche. Él dijo que vendrían al anochecer.
Me siento en el sillón y enciendo el televisor. Ruedo los ojos al ver una serie de vampiros. Si toda esas chicas que anhelan un Damon en su vida, supieran que los vampiros existen, se volverían locas, los buscarían por todos lados. Yo solo quiero salir de aquí.
Alex entra a la habitación. Mis ojos van a una bolsa que trae en sus manos, él me saluda y se sienta en la cama.
—¿Desde cuándo te gustan esas películas de vampiros?
—Tal vez me revelen el método de asesinar a uno. ¿No crees?
—Es solo una película. La gente que inventa eso no tiene idea de lo que en realidad es nuestra especie —dice sin importancia —. Te traje esto, espero que te guste.
Extiende su mano, entregándome la bolsa. Por unos segundos me quedo mirándolo, hasta que me decido aceptarlo. Es una fotografía donde estoy con mi madre. Recuerdo que yo la tenía en mi antigua habitación, ese día era su cumpleaños. Habíamos hecho comida y por la noche nos fuimos a cine. Todo el día la pasamos juntas.
Mis ojos se cristalizan y sonrío con nostalgia. Todos esos recuerdos me golpean con brusquedad.
—Gracias, creí que la había perdido. ¿Por qué la tienes?
—Yo estuve en tu antigua casa antes de que los dueños la remodelaran.
—Gracias por el regalo —sonrío con franqueza.
—Preciosa, salgamos esta noche.
No puedo salir, se supone que vendrán a buscarme.
—Alex, no quiero salir. No me siento bien —digo dejando la foto en la mesita de noche.
Alex me abraza por la espalda y me tenso. Los nervios se apoderan de mi cuerpo, porque recuerdo las veces que me mordió. Yo no tolero tenerlo tan cerca, me da temor. Intento soltarme, pero él me apretuja contra su cuerpo.
—No me temas —besa mi cuello. Cierro los ojos reprimiendo las ganas de salir corriendo —. Alexia —llama mi atención, me doy la vuelta mirando sus ojos —. ¿Qué pasa?
—No me muerdas.
—Hey, tranquila. No lo haré —me sonríe con ternura mientras acaricia mis mejillas —no te diré que voy a cambiar, pero si quiero ser mejor persona para ti. Para que esto funcione.
—¿De verdad? —pregunto escéptica.
—Sí. Tú me gustas mucho — se inclina hacia mí juntando su frente con la mía —. Eres única.
—Quiero mi libertad.
—La tendrás. —Mi corazón late de manera descontrolada. El tenerlo tan cerca me hace tener los nervios a flor de piel. Jadeo cuando siento sus manos presionar la piel de mi cintura —. Tengo que confiar plenamente en ti.