-Hola, preciosa. Al fin te encontré -habla mirándome de arriba abajo con media sonrisa.
-Qui... ¿quién eres? -mi voz sale temblorosa.
-Tu dueño -dice con una sonrisa divertida, lo cual hace que un escalofrío pase por toda mi columna vertebral. Pero...
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Quedo atónita ante sus palabras, Alex tiene a mi hermano. Si lo mata no me lo perdonaré jamás, nunca debí irme y exponer su vida de esa manera.
Hace unos meses era una chica normal como cualquier otra y ahora estoy atrapada aquí, con un vampiro. Algo tengo claro y es que, haga lo que haga Alex siempre me va a encontrar. A veces me pregunto: ¿Por qué yo? Habiendo tantas chicas en este mundo, en este pueblo.
Lo peor de todo es que mi hermano se ha vuelto involucrado en toda esta situación. ¿Cómo haré para ayudarlo?
—Sí, preciosa, tengo a Ethan. ¿Sabes? Desde que te fuiste, te busqué y fíjate que no descansé hasta encontrarte —habla de forma indiferente —. Cuando supe donde estaba la mansión del imbécil de Derek, enseguida fui y no te encontré, al único que encontraron mis hombres fue a Ethan y en un calabozo. Él pobre la estaba pasando muy mal, lo digo por su aspecto, Derek no estaba, cuando llegué ya había huido, como la rata que es. Tu tío por fin mostró su verdadero yo.
—¿De qué hablas? ¿Sabias lo que él quería hacer? —asiente con una sonrisa divertida.
—¿Por qué carajos nunca me lo dijiste? —Le reprocho con indignación.
—Alexia, Alexia, ¿me habrías creído si te lo hubiera contado el mismo día que escapaste?
La verdad es que no le habría creído, las lágrimas no tardan en aparecer. Lloro y lloro por ser tan idiota.
—Alex, por favor no le hagas daño a Ethan —suplico.
Él suelta mi cabello y seca con delicadeza las lágrimas que humedecen mi rostro.
—No quiero verte llorar.
—Haré lo que quieras, sólo no lo lastimes —sollozo desesperada.
—¿Crees que su vida me importa? Alexia, me desobedeciste —dice con enojo y se marcha.
Me dejo caer al piso mientras lloro de la impotencia por no poder ayudar a mi hermano, lo peor de todo es que yo tengo la culpa.
Yo sé que lo conozco de hace poco tiempo, tal vez un mes, o menos, pero Ethan es la única familia que tengo. Cuando vivía con él, salíamos juntos. Nosotros tenemos muchas cosas en común. Él es el hermano que siempre quise. Se preocupa por mí, me cuenta sus cosas. Conversábamos de todo.
Luego de sentarme en la orilla de la cama, mi estómago ruge a causa del hambre.
Lo único que miro es la claridad de la luna que entra por la ventana.
Melissa entra con una bandeja en las manos, se acerca a mí con una sonrisa y me la entrega, posteriormente, se marcha y yo me dispongo a comer. Después de haber terminado todo la comida, coloco la bandeja en una mesa y me acuesto a dormir.
Pienso en Ethan, escucho pasos que se acercan a la habitación, de inmediato la puerta se abre dejando ver el rostro serio de Alex.
—Alex, ¿cómo está mi hermano? —pregunto con los ojos cristalizados.