Epílogo

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Han pasado 10 años desde que James nació

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Han pasado 10 años desde que James nació. Sí, soy vampiresa, Alex me convirtió a los meses del nacimiento de mi hijo debido a que los del concejo se lo pidieron.

La verdad no puse objeción alguna, debido a que así estaré toda la eternidad con Alex, el vampiro que robó mi corazón y que me hace muy feliz.

James tiene a muchas chicas detrás de él, tiene diez años pero parece un chico de 18 años. Con decir que varias han venido aquí, lo bueno fue que sabemos controlar la sed.

Para James no es tan complicado dado que es un híbrido. Salgo de mis pensamientos al sentir un abrazo.

—¿?En qué piensas, mamá —pregunta James, mi hijo están hermoso, se parece a Alex.

—En muchas cosas. —Hago una pausa—, ¿cómo te fue en la escuela? —Pregunto.

—Bien, esta noche habrá una fiesta. —Sonríe y pasa la mano por su cabello.

—Irá una chica que me gusta, sólo que hay un problema. —Se sienta en el sillón.

—¿Problema? —Asiente. —¿De qué se trata? —Tomo su mano y doy un leve apretón para que sepa que tiene todo mi apoyo.

—La chica que me gusta es loba. —Quedo atónita ante la confesión de James, le gusta una chica que es loba.

—¿Y ella te es indiferente? —Inquiero.

—Sí. —Suspira frustrado—, no le gustan los chicos como yo, sus gustos son diferentes. —Añade y hace una mueca.

—Está ciega. Cariño. —Aprieto sus mejillas. —Tú eres mi bebé hermoso. —Él pone los ojos en blanco.

—¡¿Dónde está mi nieto favorito?! —exclama Thomas, James sale corriendo y mi abuelo lo persigue.

—¡No, abuelo! ¡No! —grita James. —¡Mis cachetes no! ¡Hazle a mi madre! —Vuelve a gritar.

Suelto una carcajada al verlos correr como dos niños. James le huye en vista de que Thomas le pellizca y lo alza en el aire como si aún tuviera tres años. Sí, lo quiere mucho. Como todos aquí.

Llego a la cocina para alimentarme un poco; después que tomo un vaso de sangre camino hacia mi habitación.
Me encanta ser una vampiresa, todo es mejor. No hay cansancio ni nada similar, la fuerza es lo mejor, mi cuerpo cambió por completo..., ahora tengo más curvas,  mi piel es pálida y mi cabello está de color negro. Antes era castaño.

Unas manos en mi cintura me hacen sonreír porque sé con exactitud de quién se trata. Alex, el vampiro que tanto amo.

Me giro y lo veo sonriendo sensualmente, tiene puesto sólo una toalla alrededor de su cadera. Trago saliva. Aún no me acostumbro a lo sexy y apetecible que es.

Él sonríe divertido al ver mi rostro. De repente ambos nos encontrábamos sobre la cama en esta habitación y perdida en aquella barriada, es nuestro secreto. Yo no estoy nerviosa. Nos miramos y sonreímos, paso mi mano por encima de su cadera, noto que se estremece ante mi tacto, y él hace lo mismo. Entonces quitó su toalla dejando a la vista su bello torso. También sus deseos por mí que eran un mar contenido, apenas nos besamos y ambos nos fuimos acercando tanto que ya no queda aire entre nosotros, y sin ponernos de acuerdo, él se coloca sobre mí, y yo cedo para que su cuerpo quede entre mis piernas, sin dejar de besarnos, su roce me inflama hasta la locura.

—Te deseo, Alexia—  susurra en mi  oído, y yo apenas puedo pensar, pues ya quería sus besos, su manos y su sexo dentro mí.

No puedo mi pensar, ni quiero, entonces él sube mi falda y sin dejar de mirarme, baja mis bragas.
De pronto su espléndido cuerpo se movía, mientras lo sentía llegar donde nadie había llegado, sólo él. Quiero morderlo y gritar de gusto, no puedo creer tanto, tanto placer.

Nos besamos con cierta brusquedad, él entra con fuerza y me gusta mucho, quiero que lo haga así, sentirlo muy profundo mientras yo solo muerdo sus labios. Meto mi lengua en su boca me sujeto de sus brazos, y me doblo para sentirme más suya, más loca de placer.

—Te..., amo, Alex. —Gimo en su oído.

Él gruñe en respuesta y nos seguimos besando y de pronto él quiere algo. De inmediato le entiendo, segundos después, yo le cabalgo, haciendo que nuestros roces se hicieran más intensos, más explosivos.

No puedo parar, sigo más y más rápido. Giro y llevo un ritmo con mis caderas al compás de mi sentir. El cual es subir y bajar, los temblores comienzan a estremecerme anunciando que estaba a punto de llegar al orgasmo... Y, entonces sucede.

Nuestros gemidos llenan sin pudor la habitación.

Alex besa mis labios con suavidad y amor. Se acuesta para después estrecharme contra sí, recuesto mi cabeza sobre su pecho;  sólo se escuchan nuestras respiraciones agitadas.

—Eso fue sensacional. —Dice y besa mi frente. —Es lo bueno de ser vampiro.
Sonrío y le doy una palmada en el hombro. Sin previo aviso quedo a horcajadas encima de Alex.

— ¿Repetimos? —Pregunto con sensualidad.    
       

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