NO SIEMPRE SE DEBE DOBLEGAR
Indra Dorenty
El llamativo sol ilumina mi habitación logrando que mi sueño se termine, me estiro un poco y mi mano involuntariamente toca el lado derecho de la cama buscando el cuerpo que yacía ahí hace unas horas, el cual ya no estaba, me incorporo buscando con la mirada alrededor de la habitación, pero no estaba, me levanto de la cama y me coloco mi camisón, ya que había dormido completamente desnuda a su lado, avanzo hacia la sala e intento encontrar a alguien que claramente ya no estaba, no sé a donde habrá ido, pero era de esperarse.
Voy hacia el baño y abro la llave de la regadera, me retiro la ropa entrando a la ducha y dejando que el agua me cubra por completo, llevándose consigo misma los restos que pudiese haber de aquel maldito hijo de puta, de aquel ser que besó con anhelo cada parte de mi cuerpo, de aquel que me follo cómo nunca lo habían hecho, de aquel que sacaba un lado de mí que no sabía que existía, de aquel hombre que por desgracia sería mi peor error.
Tras unos minutos de reflexionar en la ducha, ¿qué carajos estoy haciendo?, ¿qué es lo que haré?, ¿por qué me quejo cuando también soy la que le pide que me folle?, esas preguntas rondaban por mis pensamientos, los cuales aún no resuelvo, si pudiera contar las veces en las que he pensado en decirle a Leo, serían 0, porque realmente no quiero decirle nada.
Aún no quiero decir algo qué tal vez rompa mi relación, soy una persona tan egoísta que no quiero que sepa, por qué no quiero quedarme si su atención, por más cosas malas que hayan pasado entre nosotros aún hay buenas y también nos queda nuestro cariño y esas metas las cuales queremos cumplir como pareja.
Esto que sucede con Masón no es más que un resbalón involuntario, pero necesario de mi parte, pero es que no se puede tener todo bajo control, ¿cómo se deja de hacer algo que se siente bien?, ¿cómo se deja de pensar en algo que te hace enloquecer?, así que no, no pienso decirle nada a Leo.
Avanzo hacia mi armario tomando un conjunto conformado de dos piezas que incluye saco y pantalón de vestir negros, opto por un top qué cubre un poco decente mi abdomen dejando a la vista mis pechos, coloco tacones, accesorios, perfume, me maquillo y salgo del departamento hacia la oficina.
— Buenos días, Srta. Dorenty — me recibe con un saludo la recepcionista.
— Buenos días, ¿Ya llegó el jefe? — ni yo sé por qué pregunto por él, no es como que me apetezca verlo.
— No, aún no ha llegado — qué raro.
— Está bien, gracias — estaba a punto de avanzar cuando su voz me hace detenerme.
— ¿Quiere que le informe que lo estaba buscando? — eso sería un halago a su ego.
— No, así está bien, gracias — lo que menos quiero es empezar el día con su intolerable carácter, presionó el botón del ascensor, el cual se abre y entro apretando el número que me dejara en mi piso en donde se encuentra mi despacho y a unos mínimos metros el de mi queridísimo jefe. Salgo del ascensor.
Camino por el largo pasillo, me adentro al despacho y dejo el bolso en el escritorio tomando asiento en mi silla, abro el computador y llamo a mi secretaria. Toca la puerta.
— Adelante — pasa y se coloca frente con su mirada tímida.
— Buenos días, Srta. Dorenty — vaya, siguió mi consejo y se vistió un poco más a su edad, antes parecía una señora de 50 con esos trapos feos y ahora ya luce como la mujer de 30 que es.
— Te ves muy bien, Lucia, supongo que seguiste mi consejo — le digo con una sonrisa.
— Sí, muchas gracias — se pone colorada de las mejillas.
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ᴛᴏᴅᴀ ᴍÍᴀ ʏ ᴛᴏᴅᴏ ᴛᴜʏᴏ
AcakIndra Dorenty es una abogada penalista, que gracias a un caso su vida tendrá un cambio, pero no uno desconocido para ella, si no que ese cambio la llevará a viejos tiempos. Su jefe, que al parecer es un Mafioso, será la razón por la que ella deba ca...
