Anya Petrova
Reconozco que hoy, mi buen humor, no existe. Esto es algo que capta mi padre en mí nada más atravesar la puerta de la casa. Él me mira con una ceja alzada, intentando deducir qué es lo que me pasa. También deduce que, por mis pintas y la hora de llegada, he pasado la noche con Boris. Algo cierto, que no le voy a negar. Al menos el colchón de su cuarto era cómodo, una cosa buena de la noche de ayer.
—Hola, padre.
—Hola, hija. Cámbiate, tenemos cosas que hacer —ordena.
¿Qué hay que hacer ahora?
No protesto ni le cuestiono nada, subo las escaleras y antes de cambiarme, me doy una ducha breve de agua fría para despertarme al cien por cien. Deposito el vestido en el cesto y me meto en la ducha, sintiendo como las gotas de agua fría se deslizan por toda mi piel. Enjabono todo mi cuerpo, lavo mi largo cabello rubio y, una vez lista, salgo con cuidado de la ducha. Tiritando, alcanzo una toalla y la envuelvo alrededor de todo mi cuerpo.
Descalza, me dirijo a mi cuarto. Abro la puerta del armario y veo qué puedo ponerme hoy. Algo sencillo, como un pantalón y un jersey de color negro. Tardo unos cinco minutos en terminar de vestirme y cepillar mi cabello completamente empapado, por ello, lo ato en una coleta bien alta. No voy a secármelo ahora, me da igual mañana tener el resfriado del siglo.
—Ya estoy —le informo a mi padre—. ¿Qué hay que hacer?
—Hemos quedado con los Lombardi por un nuevo negocio que tenemos en conjunto.
Al escuchar la palabra «Lombardi» me paralizo.
—¿Qué negocio? —pregunto, frunciendo el ceño.
—Ya lo sabrás cuando lleguemos allá.
—¿Y a mí para qué me necesitas?
Él me mira con una ceja alzada.
—Eres la futura líder de la mafia rusa, ¿por qué crees que te necesito? Tienes que saberlo todo sobre los negocios que estoy haciendo. Y sé por qué no quieres venir, le temes a Duncan.
Ouch esa última frase.
—¡Claro que no le temo a Duncan y eso lo sabes! —protesto, molesta—. ¿Qué parte de que lo odio no entiendes?
—No parece odio, parece temor. Si lo odiaras ya habrías acabado con su vida hace diez años, pero pareces atemorizada por lo que él pueda hacer en tu contra.
Sonríe diciendo estas palabras. ¿Por qué mi propio padre me está atacando de esta forma? La única razón de no acabar con Duncan en todo este tiempo fue la distancia, porque tengo que planearlo todo muy bien y no sé por dónde empezar.
—Lo dices para que vaya y te demuestre que no le temo —adivino lo que intenta hacer.
—Sí —confiesa—. Vamos que nos están esperando.
Ruedo los ojos, un tanto molesta. Lo sigo al exterior, donde tiene aparcado su coche, me subo en él y dejo que conduzca hasta el lugar de la reunión. Me cruzo de brazos y dirijo mi mirada hasta la ventanilla, mirando al exterior durante todo el trayecto. El negocio que tiene mi padre con los Lombardi me preocupa, sea cual sea. Eso significaría pasar mucho más tiempo con ellos, cosa que me mantiene alerta.
Quiero establecer el menor contacto con Duncan, quiero mantenerlo alejado de mí. Porque no me fío de él y sé que será capaz de hacer cualquier cosa para impedir mi boda con Boris. Tengo que ejecutarlo antes de que llegue ese día. Esa es mi meta principal.
Y me da igual que vengan todos los Lombardi a querer matarme. Es algo que no me preocupa en absoluto. Estoy bien protegida con mi mafia y la de Boris, que me brindará apoyo en caso de peligro. Sería la mafia italiana contra la alemana y la rusa. Tendrían todas las de perder, aunque Darek sea el líder.
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El karma de Duncan [+21] ✓
Romance«El destino los volvió enemigos, porque si fueran aliados, juntos tendrían el control del mundo.» ¿O puede haber un amor oculto tras esa cortina de humo, llamada odio? El pasado sigue presente en ellos, recordando esa relación que tuvo un final trág...
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