Capítulo 64

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Duncan Lombardi

Anya ya salió de la clínica, ya se encuentra perfectamente después del susto que me dio al creer que iba a morir. Todavía necesita recuperarse al cien por cien, pero generalmente, está bien. Camina sin ninguna dificultad y no parece tener esos dolores insoportables del primer día. Y me alivia saber eso. Que ella y yo ya podamos hablar de nuestras cosas y descansar en paz, sin nadie que vaya a arruinarnos la vida.

Hace unos días que celebramos un pequeño funeral por Lys. Como no tenía a nadie más que a nosotros, fue algo íntimo. Me enteré de que me dejó la casa que se había comprado, la cual encontré varias de sus pertenencias. Y una nota que decía que, si algo iba mal, la incineraran y echaran sus cenizas al mar, como le hicieron a su madre. Cumplí lo que ella quería, arrojando lo que quedaba de ella en el mar, dejando que fuera libre después de su sacrificio.

Continúo pensando en ella y en que no debió arriesgarse tanto. Pero ya no puedo hacer nada, solo aceptar su muerte y continuar con mi vida como si nada de esto hubiera pasado. Es lo mejor.

—Iba a preguntarte a dónde me llevas, pero recuerdo el camino —comenta Anya, desviando sus ojos azules hasta los míos.

No respondo, tan solo le sonrío y continúo conduciendo por la carretera, notando como cada uno de mis músculos se tensan por alguna razón. Quizás es porque recuerdo el lugar donde nos escapábamos del mundo, aislándonos de todos para estar a solas ella y yo. Han pasado varios años desde la última vez que lo visité. Después de que terminaran tan mal las cosas entre Anya y yo, no quise volver a pisarlo.

—Te noto nervioso —observa.

—Estoy compartiendo coche con una mujer preciosa, ¿cómo pretendes que esté tranquilo?

Ella ríe, golpeando con suavidad mi brazo. Finalmente, desvía su mirada hacia el paisaje, mirando por la ventanilla de su derecha el camino por donde avanzamos. Prosigo conduciendo, reduciendo la velocidad al estar a punto de llegar a nuestro destino. Estaciono el vehículo a un lado, en un aparcamiento vacío, donde no hay un solo coche aparte del mío.

Llegamos al mirador de Barrow, un lugar alto donde se contempla toda la ciudad. Siempre traía a Anya aquí cuando uno de los dos necesitaba alejarse del mundo. Pasábamos la tarde hablando y haciendo tiempo hasta regresar a nuestras casas. Me acuerdo de que aquí fue donde nos besamos por primera vez. Mientras se hacía de noche y veíamos el atardecer.

Tengo en mi mente cada maldito buen recuerdo con ella. Al acordarme de cada uno de ellos siento cada sensación que viví por aquel entonces. Los nervios que sentí al besarla por primera vez, al verla casi a diario, al hablar con ella y, sobre todo, al saber que ella sentía lo mismo por mí. Los sentimientos nunca se han ido del todo, siempre quedaban esas cenizas que, cuando la volví a ver después de esos años y de reconciliarme con ella, se convirtió en un fuego mucho más intenso y duradero.

Anya y yo avanzamos hasta el mirador de madera, observando la ciudad desde lo alto, viendo todas las casas y edificios que la decoran. Al girar mi cabeza hacia la izquierda, veo desde la lejanía el mar, donde se encuentra la isla de Barrow. Suelto un leve suspiro, desviando mi atención hacia la chica rubia que me acompaña.

—Hemos cometido errores —comenta ella, empezando a hablar—. La hemos cagado muchas veces, dejando que el orgullo y la venganza ganara en algunas ocasiones. No somos perfectos, nos hemos hecho daño mutuamente, aunque ya nos hayamos perdonado y estemos bien entre los dos —dice todo eso sin mirarme a los ojos—. Pero no puedo evitar pensar en que hemos perdido diez años juntos por... culpa de las manipulaciones de Delena.

—Quizás necesitábamos ese tiempo separados para darnos cuenta de cómo eran las cosas.

—¿Te refieres a que no podemos vivir sin el otro y que, constantemente en estos años hemos estado buscando a través de otras personas a nosotros mismos? Pues sí, quizás fuera así —asiente—. Probablemente necesitábamos un golpe que nos hiciera separarnos para darnos cuenta de lo mucho que... sentíamos el uno por el otro. Al igual que todo lo que nos pasó en los últimos meses. Eso nos unió más ahora y es lo que cuenta, ¿verdad? —pregunta y yo sonrío a modo de afirmación—. Hay que dejar el pasado atrás y fijarnos en el presente.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora