Capítulo 25

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Duncan Lombardi

No me parece extraño que Darek y Damon peleen. Son hermanos, siempre hay discusiones entre ellos. Pero que haya tantas discusiones en tan poco tiempo, empieza a darme mal rollo. Uno de los dos acabará muerto a este paso. Escucho el portazo que da Damon en la parte superior de la casa, encerrándose en su cuarto. Evito entrar en él para que no me dé un puñetazo en la cara. Es mejor dejarlo tranquilo cuando está alterado.

El timbre suena.

Aprovecho mi rato libre para abrir la puerta y recibir a una chica castaña de ojos color miel. No sé de quién pueda tratarse, nunca la había visto y mucho menos por aquí.

—Hola... ¿Damon? —pregunta.

Esto cada vez se pone más raro.

—¿Quién eres?

—Candance —informa—. ¿Y tú?

—Duncan —le contesto—. ¿Buscas a Damon? —cuestiono, sorprendido.

Esto es lo que menos me esperaba. No me sorprende el hecho de que... Damon tenga algún lío extraño con alguna persona. Nah, mentira. Sí me sorprende. Nunca lo vi con una chica, ni siquiera comentar que tiene algo con una persona. Y mucho menos me esperé que alguien se presentara en la casa para buscarlo.

—Sí, ¿está en casa?

La dejo pasar a mi hogar, cerrando la puerta tras ella y guiándola hasta el salón, el cual se encuentra a unos cuantos pasos de la entrada.

—Está en su habitación, pero no te aconsejo subir —le advierto—. Está un poco alterado y, en ese estado, es mejor dejarlo tranquilo y alejarse de él. ¿De dónde lo conoces? —pregunto, con curiosidad.

En estos momentos actúo como Daryl, queriendo saber toda la información posible tan solo por curiosidad. Veo a esa chica castaña que dirige su mirada accidentalmente al segundo piso, probablemente pensando en mi hermano. Vuelve a mirarme, para contestar a mi pregunta.

—Lo conocí en... un callejón —responde—. Es algo muy largo de explicar, no me preguntes qué hacía a esas horas en la calle, porque... es complicado —sonríe con nerviosismo.

Frunzo el ceño.

—¡No soy prostituta! —me aclara—. Trabajo en un club nocturno, pero no dejo que me toquen, solo que vean. Bueno, depende, es complicado —reconoce.

No sé qué comentar. Sigo asimilando que esta chica esté aquí por mi hermano.

—¿Y... te ha dejado viva? —pregunto.

—¿Extraño, cierto? —ríe—. Ya me salvé dos veces.

Alzo las cejas, sorprendido.

—Te aconsejaré algo —le digo, dirigiendo mi mirada hacia el piso de arriba—. Si subes ahora, tu suerte acabará para siempre. A la tercera, te matará. Digamos que ahora está un poco fuera de sí. Ni siquiera puedo subir e intentar calmarlo porque... no sería la primera vez que suelta un puñetazo a quien se acerque a su cuarto —recuerdo aquel día que me dio uno—. Es su espacio personal y, en momentos como este, es mejor no ir.

—¿Qué le pasó? —pregunta, curiosa.

—Discutió con Darek, mi mellizo. Últimamente están discutiendo todos los días, sus actitudes chocan mucho. Tienen diferentes opiniones, diferentes puntos de vista y Damon es una persona muy sensible para eso. Llévale la contraria o hazle enfadar y él te lleva al cielo —murmuro, hablando por experiencia—. O te pega un buen puñetazo.

Sigue con la mirada clavada en ese piso, ignorando todos mis consejos. Bueno, yo he cumplido, le he advertido de los peligros que conlleva subir arriba, junto a Damon. Mi consciencia está tranquila por ello. Que esté loca y quiera verlo a pesar de lo alterado que puede estar, no es mi problema.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora