Capítulo 10

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Anya Petrova

Cerrando mis ojos me adentro en una profunda oscuridad, fría, gélida, asfixiante. Abro mis ojos, volviendo a la realidad que me rodea, tomando una gran respiración y llenando mis pulmones de oxígeno. Echo mi cabeza hacia atrás, apoyándola en la pared que tengo tras de mí. Un leve dolor en mi brazo izquierdo se apodera de todo mi ser, paralizándome momentáneamente. Justo donde recibí la bala aquel día, en esa herida que tarda en cicatrizar.

—Perdón —se disculpa, sincero.

Elevo mi mirada hacia él. Trato de contener las palabras que quiero expulsar de mi boca, porque sé que le harían mucho daño y tan solo fue un accidente. Me reincorporo del golpe, tomando otra respiración profunda, intentando calmar mi dolor.

Alexei me golpeó de broma, pero lo hizo justo donde tenía la herida. Al darse cuenta de su error, se asustó, demasiado. Me pidió perdón unas cincuenta veces, aunque yo no le haya dicho nada. Una mirada bastó para hacerlo callar. Se podía ahorrar sus disculpas.

—Va a venir Boris, así que lárgate —le digo, poniéndome en pie.

—¡Perdón! ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

—Te perdono, pero va a venir Boris, largo.

—Uy, ¿qué haréis? —mueve sus cejas de arriba abajo, insinuando algo.

—Lo que hicieron tus padres para tenerte a ti.

Observo como curva un lado de su boca, mostrando una sonrisa torcida.

—Se conserva bien —dice, pensando en Boris—. Si no fuera hetero, habría intentado ligármelo —comenta y yo lo miro incrédula—. ¡¿Qué?! Es guapo, musculoso y tiene dinero. Lo veo todo ventajas. Seguro que en la cama sorprende —sonríe.

—Estás hablando de mi prometido, Alexei.

—No pensaría de esta forma si supiera que te gusta, pero como no sientes nada por él y lo que le pase te importa una mierda, pues...

Me río, asestándole un leve golpe en su brazo.

—Pásalo bien —dice Alexei.

—Lo haré.

—Usen protección.

—Lo haremos. Imagínate salir embarazada y que mi hijo sea como tú.

—¿Soy tu razón para no querer hijos?

—Sí —confieso.

Hace un puchero y me mira con ojos vidriosos. Se viene momento drama, señores.

—Yo a ti te quiero como una hermana, pero ya veo que tú a mí no —se seca una falsa lágrima—. Ya me voy. ¡Ojalá el preservativo se rompa y te quedes embarazada de trillizos!

—¡No te pases Alexei Romanov!

Él me enseña su dedo corazón, dándose media vuelta y marchándose por donde vino. Mañana se le pasará. Al irse, deja la puerta entreabierta. Muevo un poco el hombro izquierdo, haciendo una mueca de dolor al hacerlo. Avanzo hasta la puerta, queriéndola cerrar, pero veo a Boris plantado frente a mí.

Le hago un gesto con la mano para que espere un minuto. Suelto mi cabello recogido en un moño, alcanzo el bolso que tengo preparado para esta noche. Compruebo que tengo mi teléfono móvil al alcance de mi mano por si ocurre alguna emergencia.

—Hola, Boris —sonrío al verlo—. Ya podemos irnos.

—Estás preciosa —comenta, viéndome de arriba abajo.

Quiero decir: «lo sé» Pero en cambio me limito a decir un:

—Gracias. Tú también, aunque no es una novedad —respondo con una amplia sonrisa.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora