Capítulo 41

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Anya Petrova

De camino a casa, me llega un mensaje de Boris diciéndome que quiere verme antes de esta noche. Termino accediendo con facilidad, sabiendo que no debo llevarle la contraria ahora que sé lo que puede ocultar. En realidad, no lo sé. Son solo leves sospechas ocasionadas debido al beso entre él y Marlene.

Retomo una dirección distinta, yendo a la ubicación que me envía al teléfono. Compruebo que tengo mi arma a mano por si las cosas se complican. Aunque no lo creo, Boris me debe ver como una aliada. Pero después de lo que le sucedió a Duncan con Marlene, desconfío de todo.

Conduzco hasta su casa, comprobando que ya se encuentra en su departamento después de estar con su supuesta hija. Estaciono el coche en uno de los huecos libres del aparcamiento, adentrándome en ese edificio que ya conozco. Subo por las escaleras que me llevan al piso de Boris, llamando al timbre, esperando a que él me reciba.

Trato de aparentar tranquilidad, borrando de mi mente lo que acaba de suceder hace unos cuantos minutos.

—Buenas tardes, Anya —saluda con amabilidad, dejándome pasar a su departamento—. ¿Te pillé ocupada?

—No, estaba libre —le respondo, sonriente—. ¿Para qué me llamabas?

Él cierra la puerta detrás de mí. Meto mi mano en el bolsillo donde guardo la pistola que siempre me acompaña. Me siento segura envolviendo la palma de mi mano alrededor de la empuñadura, dispuesta a sacarla al exterior y emplearla en contra de Boris si él hace algún gesto extraño.

—Quería saber si tenías alguna información sobre Duncan —comenta, sin más.

—Intenté hablar con él, pero se sentía mal —le informo—. Creo que su hermano le dio una comida en mal estado. A Daryl no se le da muy bien cocinar, después de tantos años —suelto una leve carcajada.

Permanezco tranquila, tomando asiento en su sofá de tres plazas. Siento que analiza cada una de mis palabras y movimientos, tratando de averiguar si lo estoy traicionando o no. Hace bien en desconfiar de mí después de todo, porque no he parado de mentirle en nuestra falsa relación.

—No quiero que pases demasiado tiempo con él, Anya. Al igual que tú lo estás traicionando, él puede estar traicionándote a ti.

—No lo hará, tengo todo bajo control —le aseguro—. Y, si eso pasa, cuento contigo —sonrío—. ¿O no?

Él me devuelve la sonrisa, asintiendo con la cabeza.

—Claro que sí. Pero no me hace demasiada gracia que pases tiempo con él, aunque sea para vengarte de todo lo que te hizo.

—¿Piensas que voy a volverme a enamorar de él después de haber jugado así conmigo? —cuestiono, incrédula—. ¿Piensas en serio que voy a sentir algo hacia él, que no sea odio? —me muestro disgustada ante su desconfianza—. Por su culpa he creído que Katya murió, perdiéndome diez años de su vida. Ha fingido su muerte para hacerme sentir culpable. Ha intentado matar a mi padre el día de mi boda.

Las mentiras salen de mi boca con facilidad. Muestro un falso enfado hacia Duncan, logrando que Boris crea que de verdad estoy en su contra.

—Si después de eso piensas que voy a sentir algo hacia Duncan Lombardi, estás muy equivocado, Boris —le aclaro con dureza, levantándome de ese sofá—. Confía en mí como yo confío en ti. Porque sino, esta relación no va a ir a ningún lado.

—No quería ofenderte con mis palabras —suspira—. Comprende que estoy celoso de Duncan y por eso no quiero que estés mucho tiempo con él.

—Y yo quiero que comprendas que, si paso tiempo con él, no es porque quiera, sino porque debo. Necesito buscar sus puntos débiles y que él confíe en mí para apuñalarlo por la espalda cuando menos se lo espere. De momento no quiero matarlo, pero sí destruirlo como él quiso hacerlo conmigo.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora