Capítulo 7

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Duncan Lombardi

El hotel ha abierto las puertas a todo el mundo. No tardó en llenarse de gente, algo que no me sorprende. Varias personas se quedaron en sus habitaciones reservadas, muchas otras vinieron para pedir una. Unos cuantos pagaron por el servicio VIP, por lo que esa sala también se llenó de gente.

Yo mismo me encargué de contratar al personal que atiende este lugar, camareros normales y corrientes, contratados para servir a la gente que entra. También me encargué de traer a una banda desconocida para que cante y toque algo. Dando un buen servicio y un buen ambiente a este club.

Dash cumplió su palabra y está aquí esta noche, vigilando la zona y aprovechando que es uno de los dueños para tomar alcohol gratis. Veo como le pide a uno de los camareros un vaso de vodka, se lo toma de un solo trago, depositando el vaso nuevamente en la barra.

Personal contratado. El club funcionando. Habitaciones alquiladas. Y la sala de tortura recién estrenada por Darek. No sé a quién llevó ahí, pero ya vi a un hombre que tiene colgado en la jaula. Cruelmente golpeado y vivo, para su desgracia.

—Está lleno de gente —comenta Dash, alzando un poco la voz.

La música está a tope, por eso tenemos que gritar.

—Sí, esto es un éxito más —asiento con la cabeza.

Observo a una camarera llevar la bandeja con unas cuantas copas sobre ella. Mantiene bien el equilibrio, depositando con extremo cuidado la bandeja en la mesa. Les sirve las bebidas a un par de hombres que están charlando, dándoles una sonrisa de amabilidad. Es una chica joven, alta, cuyo rostro está tapado con un antifaz negro por su seguridad. No queremos que la reconozcan fuera, mucho menos que alguien de aquí la siga al salir. Con el rostro tapado nadie sabrá quién es. Su cabello está recogido en un moño bien hecho, con algunos mechones sueltos por su cara. Al darse media vuelta veo como uno de esos hombres le pone una mano encima, dándole una palmada en el trasero.

—¿Vas tú? —pregunta Dash, viendo lo que acaba de pasar.

—Ven tú también.

Él asiente con la cabeza, siguiéndome hasta llegar a la mesa. El hombre retiene a mi camarera, sujetándola por el brazo y susurrándole algo. Por la reacción de ella, sé que le dijo algo relacionado con llevársela a otro lado, a la cama, por ejemplo. Dash y yo aparecemos de la nada, agarro el brazo de ella y la tiro hacia mí, alejándola de esos dos.

—No hacemos ese tipo de servicios, caballero —le digo con la máxima educación y paciencia—. No toque a nuestras camareras y mucho menos le proponga cosas indecentes. Este no es su lugar si lo que buscas es eso.

—¿Cuánto por ella? —pregunta el hombre, sin rodeos.

—Lárguese de aquí.

La camarera agarra uno de los vasos que sirvió segundos antes, derramando todo el líquido en la cara de ese hombre. Deposita el vaso sobre la mesa y dice lo siguiente:

—Le doy una invitación para que se vaya usted a la mierda. Con permiso.

Tras esas palabras, se va.

—Esto no se va a quedar así —jura el hombre, limpiándose la cara con un paño—. Tanto usted, como esa señorita, me la van a p-

Saco el arma disimuladamente, apuntándole a las costillas. Sé que la siente porque se puso tan blanco como el papel. Se queda rígido, totalmente quieto, sin pestañear siquiera.

—¿Cómo dice? —pregunto, sin ocultar una sonrisa—. Más vale que se largue de aquí, como lo vuelva a ver le meto un tiro. ¿Entendido?

—Entendido —asienten los dos.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora