Capítulo 1

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Duncan Lombardi

Estiro mi brazo, todavía manteniendo mis ojos cerrados. Toco algo o, mejor dicho, a alguien. Entreabro mis ojos, viendo que es la chica de anoche. Su cabello castaño oculta parte de su rostro, pero sé que sigue dormida. Aparto con delicadeza el brazo que está sobre mi pecho, depositándolo a un lado de su cuerpo. La arropo con las mantas, escondiendo su desnudez.

Busco por la habitación mi ropa, la cual está esparcida por todo el suelo. No tardo demasiado tiempo en recogerla y vestirme antes de que esa chica castaña despierte. Sigiloso, salgo de ese cuarto. Suelto un suspiro de alivio al cerrar la puerta sin emitir un solo ruido.

—Noche loca, ¿eh?

—¡Joder! —maldigo en voz alta, sobresaltado al escuchar la voz de Daryl—. ¿Qué coño haces tú aquí?

—Lo mismo te pregunto —responde él, mirándome mal vestido—. Aunque es fácil deducirlo —se ríe.

Me vienen algunos recuerdos a la mente sobre lo que sucedió anoche. Daryl y yo nos fuimos a un pub para despejar la mente de todas las cosas que están pasando. La vuelta de Anya después de tantos años me está amargando la existencia, por eso necesitaba una distracción. No me acuerdo mucho, solo que conocimos a dos chicas y ellas nos trajeron a su piso.

—En fin, vámonos —suspiro, queriendo abandonar esta casa.

—No encuentro mis pantalones —dice él, buscándolos por todo el salón.

Lo ayudo a buscar su ropa para irnos de aquí cuanto antes, no quiero enfrentar a ninguna de esas dos chicas en plena mañana. Solo fue una noche. Pero algunas personas no entienden ese concepto. Daryl abre el microondas, encontrándose con sus pantalones ahí metidos. Ni siquiera preguntaré qué hace su ropa ahí. Se los pone con cuidado de no caer al suelo. Parece que el alcohol sigue en su sangre, se tambalea de un lado a otro, incapaz de mantener el equilibrio.

—Verás Darek, nos va a matar.

Mierda. Daryl tiene razón, mi mellizo nos va a matar por no estar ahí. Hemos quedado a las once de la mañana para un tema de la mercancía. Elevo mi mirada hacia un reloj de cocina, observando que llegamos media hora tarde. Lo extraño es que no nos ha llamado para echarnos la bronca.

—Vámonos de aquí ya. Improvisaremos alguna mentira por el camino. —Tiro del brazo de Daryl, ayudándolo a caminar con más rapidez. Ambos avanzamos hasta la puerta, rodeando todos los muebles del salón.

—Si nos inventamos algo será peor, ¿no conoces a Darek o qué? Él pilla las mentiras antes de que tú puedas decirlas.

En eso Daryl tiene razón. Darek nació con el maldito don de la intuición.

Antes de que podamos abandonar la casa, veo a la chica de anoche ya despierta. Está vestida tan solo con una camiseta blanca que transparenta varias zonas de su piel. Intento mantener la vista en lo alto, sin volver a caer en la tentación al ver cómo su ropa se le ajusta a su cuerpo.

—Buenos días, Duncan —dice ella con su melosa voz. Se acerca hacia mí, abrazándome y depositándome un beso en la mejilla—. ¿Te quedas un rato más para desayunar? —cuestiona, tomándome de la muñeca para atraerme hacia ella.

Me deshago de su agarre con delicadeza.

—Suena bien —interviene Daryl, hambriento.

—Debemos irnos —le recuerdo a mi hermano, dándole una mirada amenazadora para que se calle—. Es una urgencia —le informo a la chica castaña.

Ella suelta un suspiro, alejándose de mí.

—Cómo sois los tíos, ¿eh? Echáis un polvo y ya os queréis ir. —Rueda sus ojos verdes, claramente molesta por nuestro comportamiento.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora