Capítulo 22

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Duncan Lombardi

Solo fue una noche. Todo vuelve a estar como antes, el odio ha vuelto al igual que los rencores de hace años. Anya se vuelve fría y distante, cruzándose de brazos, esperando a que lleguen las personas que nos tendieron esta trampa. No me mira desde ayer, no intercambia una sola palabra conmigo después de esta madrugada.

No es un mito que las rusas son frías.

Ruedo los ojos, clavando mi mirada en la ventana que ella está viendo. Observo su cabello rubio atado en un moño mal hecho. Oculta todas las marcas que le provoqué bajo esa ropa. Al menos me aseguré que Boris no vuelva a tocarla durante un tiempo. Dudo que Anya quiera explicar la verdadera razón de esas marcas que tiene grabadas en su piel.

Su mirada conecta con la mía a través del cristal, se la ve molesta porque ya pasó esa noche y ahora debe fingir que me odia con todas sus fuerzas. Ayer comprobé que no es así. Si odias a alguien no dejas que te bese, que te toque y mucho menos que te folle. No me odia tanto como ella cree, como yo tampoco la odio tanto como creo. Pesa más el rencor del pasado que el supuesto odio que sentimos el uno por el otro.

Vemos dos coches acercarse. Se trata de Alexei y Daryl. Ayer supe que algo iba mal cuando noté a Daryl demasiado contento, como si ocultara algo. Me di cuenta demasiado tarde, cuando me inyectó algo en el cuello y desperté al lado de Anya, encadenado a ella.

—¡Buenos días! ¿Cómo habéis dormido? —cuestiona Daryl feliz, entrando por la puerta con una gran sonrisa—. Dormir poco, ¿no? —alza ambas cejas, dirigiendo sus ojos grises hacia mí.

Ni Anya ni yo hablamos.

—Oh, no estéis enfadados —continúa Alexei, mostrando una sonrisa nerviosa—. Solo fue una broma.

—De chill —asiente Daryl.

Le indico a mi hermano con la mirada que nos desencadene a ambos. Él parece entenderlo, sacando una llave de su bolsillo y acercándose a nosotros dos. Le tiendo mi muñeca, haciendo que me libere. Lo tomo del brazo cuando también suelta a Anya, queriendo abandonar la cabaña lo antes posible. Arrastro a Daryl hasta el exterior, empujándolo contra el coche.

—¡Relájate!

—Estoy relajado —le contesto con una falsa sonrisa—. ¿No me ves?

—Tenemos diferentes conceptos de relajado —observa, desconcertado.

Detrás de nosotros salen Anya y Alexei. Ninguno de los dos nos mira, pasan de largo, entrando a su vehículo y yéndose por donde han venido. Desvío mi mirada hacia mi hermano menor, quien todavía está apoyado en el coche, donde lo empujé.

—¿Por qué lo hiciste?

—Si no habláis no hay posible reconciliación. Y, como ninguno de los dos quiere parar a hablar sin matarse, Alexei y yo pensamos en esto. Cerramos todas las puertas y ventanas de la casa, quitamos cualquier objeto punzante para que no os matarais entre vosotros durante una noche. Lo de los condones fue idea mía —lo reconoce—. Fue un extra, por si acaso —sonríe.

Suelto un suspiro, entrando con él al coche para que nos lleve a casa. No estoy molesto con Daryl porque la cosa no ha salido del todo mal con Anya. Se jodió esta mañana cuando ninguno de los dos ha querido hablar y mucho menos comentar lo que sucedió.

—¿Solucionasteis algo?

—Nada —digo, sincero.

—Joder. ¿No hablasteis nada, entonces qué estabais haciendo?

—Ya sabes lo que estábamos haciendo, no te hagas el imbécil.

Él ríe.

—¿Follar solucionó algo?

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora