Capítulo 55

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Duncan Lombardi

Yuri llega hasta la clínica del doctor, preocupado por lo que le pasó a su hija. Apenas le conté toda la información que Anya me había dicho, le hice un resumen sobre cómo estaban las cosas. Katya murió y Anya fue envenenada por ella. Pude ver su desconcierto al notificarle de eso de una forma tan inesperada, no se podía creer que eso sucediera en tan solo unos minutos. Todo pasó demasiado rápido.

—¿Qué vas a hacer ahora? —le pregunto, mientras esperamos noticias de Anya.

—Legalmente, Katya está muerta, así que eso no será ningún problema.

—¿Qué harás con el cuerpo?

—Ya se enterrará en algún lugar. Ahora mismo me preocupo más por mi hija viva que por ese cuerpo inerte que descansa en el suelo de la cocina. Ya le pedí a alguien que limpiara todo eso y se llevara el cuerpo a otro lado.

—¿E Ivanna?

—Cuando me llamaste estaba con ella y lo escuchó todo. Sinceramente, no estamos demasiado afectados por su muerte —admite, desviando sus ojos azules hasta los míos—. Creímos que nuestra hija estaba muerta desde hace mucho tiempo, ya pasamos la fase del duelo hace bastante.

Asiento lentamente con la cabeza, dirigiendo mi mirada hacia este pasillo vacío. El doctor no viene a darnos alguna noticia sobre cómo se encuentra Anya, aunque sé que ella se pondrá bien.

—Gracias por salvar a mi hija, Duncan —apoya una de sus manos sobre la mía—. Si no hubieses llegado a la casa, tal vez ella también habría muerto. Actuaste rápido y no dudaste en traerla aquí.

—No me des las gracias, sabes que haría cualquier cosa por ella, para que esté bien. Además, fue cosa de Darcy. Me metió mil dudas en la mente y por eso fui a vuestra casa, a comprobar que todo estuviera bien. Pero vi que no fue así y cuando entré me encontré todo eso en la cocina.

—Bueno, pues gracias a los dos. Espero conocer algún día a esa niña, me da curiosidad.

—Te dará un dolor de cabeza como la conozcas, es demasiado intensa. No se calla, hace mil preguntas sin sentido y tiene muy mal carácter.

Él se ríe.

—Los niños son así, sobre todo si tienen tu apellido, Lombardi.

—Ya —sonrío.

Yuri se levanta de su asiento, viendo al doctor acercarse junto a Anya. La veo mejor que antes, aunque continúa estando débil. Lo noto en su forma de andar y en la palidez en su tono de piel. Su mirada se centra primero en su padre, a quien abraza nada más verlo. Yuri es uno de esos hombres que parecen fríos y son más cálidos de lo que la gente cree. Lo sé porque lo conozco de hace mucho tiempo y también en su forma de abrazar a su hija.

—Tuvo demasiada suerte —asiente el doctor, metiendo sus manos en los bolsillos—. La substancia que ingirió no era demasiado elevada, la mayor parte la ha expulsado antes de venir aquí. Fue eso lo que le salvó la vida unos minutos más. Aquí nos encargamos de que no quedara ni una sola gota de ese veneno, asegurando su vida —sonríe, viéndonos a los tres—. De nada, Lombardi.

—Muchas gracias, doc.

—Para eso me pagan —responde, sin más—. Tengan un buen día y procurad no acabar envenenados de nuevo. Porque te recuerdo, Lombardi, que mi especialidad son las heridas provocadas por un arma. En eso tengo mucho más conocimiento que en casos de envenenamiento —me recuerda.

—Lo sé, pero eras el único que tenía a mano.

Él me da una sonrisa.

—Llámame siempre que lo necesites —pone una mano sobre mi hombro—. Cuidaros mucho, anda. Que todavía sois jóvenes y tenéis una gran vida por delante, llena de heridas de bala y sustos mortales que casi os arrebatarán la vida, pero bueno —se encoge de hombros—. Yo continuaré con mi trabajo, tengo varias cosas que hacer —se despide de nosotros, dándonos la espalda para volver a una de sus salas.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora