Duncan Lombardi
Regreso al salón, donde están todos los demás. Anya luce igual de confusa que yo, sin creer que Boris y Marlene se hayan besado. Porque eso pasó. Eso vi. Mi cerebro sigue asimilando esa información, repitiendo esa espantosa imagen por mi mente una y otra vez.
—Tal vez son norteños —comenta Max, conteniéndose una carcajada—. O expresan su amor así. Algunos padres se dan un piquito con sus hijos a modo de bienvenida o despedida.
—Tú viste que eso no fue un piquito, sino un puto beso —le recuerdo.
—Serán del norte —comenta, riendo—. Gracias por venir, el chisme estuvo buenísimo —reconoce, sentándose al lado de su novia.
No me esperaba eso, cuando decidimos venir aquí a enterarnos de los secretos de Marlene, me imaginé a algún amante de ella. Si tuviera un amante podríamos torturarlo para sacarle información y dañar a Marlene. Pero al no ser así, al ver que el amante es, en teoría, su propio padre, las cosas se ponen más complicadas. Ahora no sé cómo reaccionar.
—No sé qué pensar —murmura Anya, poniendo sus dos manos en su cabello rubio—. Se han besado, joder. ¿Y si tienen una relación enfermiza de...? No quiero ni imaginarlo, qué puto asco.
A mí me dan escalofríos nada más pensar en qué clase de relación tienen ellos. Ni siquiera me atrevo a mirar por la ventana de nuevo, no quiero traumarme más de lo que ya estoy. Si por mí fuera, buscaría cloro para lavarme los ojos y borrar esa imagen que continúa repitiéndose en mi mente.
—En caso de... esa relación enfermiza. ¿Qué hacemos? —le pregunto a Anya—. Es que mirarlos besarse ha hecho que vomite y que todos mis pensamientos racionales se fueran a la mierda.
—Relájate —dice ella, caminando por la sala—. Yo tampoco sé qué vamos a hacer. Porque si tienen ese tipo de relación, significa que están muy unidos.
—Literalmente —murmura Max, volviendo a pillar los prismáticos—. Están hablando muy cerca. Martina tiene la intención de desvestirlo...
—Marlene —le corrijo de nuevo—. No hace falta que cuentes más.
—Tampoco sucede nada más, se van al dormitorio —informa, dejando los prismáticos sobre la mesa—. Esto está mejor que la Rosa de Guadalupe —se ríe, aunque por dentro está tan confuso como nosotros—. Lo que podéis hacer es... no sé, llevarlos a terapia.
—Es la mejor solución —afirmo.
Su novia frunce el ceño.
—¿Por qué no pensáis como personas normales? —nos interrumpe Stella—. ¿Y si no son padre e hija? —pregunta, mirándonos a los dos—. ¿Consta en algún registro que Boris tiene una hija llamada Marlene?
—No lo hemos buscado —admito—. Nos hemos fiado de su palabra y todo puede ser una mentira de él —suspiro.
—¿En serio no lo habéis asegurado? ¿Sois idiotas? —cuestiona el rubio, alzando una ceja—. Es lo primero que se hace cuando debéis tratar a alguien tan peligroso como pueden serlo ese par.
—Ya, tendría que haberlo comprobarlo hace tiempo —reconozco—. ¿Por qué nos iba a mentir con que no es su hija? ¿Qué ganaría con eso?
—Ponernos una venda sobre los ojos para que no veamos qué hay más allá —responde Anya—. Ocultarnos una importante información para traicionarnos.
Suelto un suspiro, tomando asiento en el sofá. Hay dos opciones. Una relación enfermiza entre padre e hija. O que todo sea una jodida mentira de ellos para traicionarnos a los dos. Y, aunque no quiero que sea la segunda opción, la prefiero antes que la primera.
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El karma de Duncan [+21] ✓
Romance«El destino los volvió enemigos, porque si fueran aliados, juntos tendrían el control del mundo.» ¿O puede haber un amor oculto tras esa cortina de humo, llamada odio? El pasado sigue presente en ellos, recordando esa relación que tuvo un final trág...
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