Capítulo 39

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Anya Petrova

Tenemos engañada a la mafia alemana. Boris piensa que yo voy a actuar en contra de Duncan, que él y yo estamos falsamente aliados para acabar con su hija. Marlene piensa lo mismo. Ambos creen que nos vamos a traicionar mutuamente, hasta que uno de los dos o, los dos, muera.

Duncan y yo compartimos el mismo pensamiento. «Traicionar» al otro, echándole toda la culpa de ese plan para acabar con la organización alemana para protegernos a nosotros mismos. ¿Funcionó? Sí, demasiado bien. Porque ahora Boris y Marlene creen que todavía somos enemigos, están ciegos por esa venda que les hemos puesto sobre sus ojos con tal cuidado, que no se dan cuenta que la tienen.

No me cae mal Boris, me parece una persona buena. Pero teniendo una hija como Marlene, tarde o temprano él también se volverá en mi contra con tal de protegerla. Es su hija, entendería que él hiciera cualquier cosa para hacerla feliz y para que no le pase nada con nosotros detrás de ellos.

Aunque no dejo de pensar en Marlene. Drogó a Duncan para aprovecharse de su vulnerabilidad y casi inconsciencia. Probablemente querría sacarle toda la verdad o, acostarse con él aprovechando su estado. Aprieto mi puño de manera inconsciente, conteniendo esa rabia que necesita ser liberada en contra de ella. Me he estado aguantando porque es la hija de Boris, pero ayer con lo de Duncan se ha pasado. Ha cruzado todos los putos límites.

—Toma asiento y relájate —me aconseja mi padre—. Ya me he enterado de la muerte de Igor —comenta, dirigiendo su mirada hacia mí—. ¿Qué ha ocurrido?

No luce molesto por ocultarle esa importante información. Han matado a su hombre de confianza por mi culpa. Aunque él también debió de ser precavido. Le advertí contra quien se enfrentaba si llegaba a encontrarla, pero... no sé qué pudo ocurrir para que ella lo pillara desprevenido.

—Lo mandé que buscara a Marlene —confieso—. Pero fue ella quien lo encontró primero y lo mató, grabando sus iniciales en las mejillas de Igor. M, D. Marlene Dietrich. Después me mandó la foto de su cadáver.

—¿Solo Marlene?

—No creo que Boris tenga algo que ver.

Él asiente.

—¿Y qué es ese asunto que te tiene tan tensa? Te conozco demasiado, hija. Sé que estás enfadada por alguna nueva razón. No tiene que ver con Duncan, ¿o sí?

Niego con la cabeza.

—Duncan y yo estamos intentando eliminar a Marlene de una forma que no nos dé problemas a ninguno de los dos —digo, bajando la voz. Me he vuelto paranoica, pienso que hay micrófonos hasta en mi casa—. Ella se enteró, al igual que Boris. Así que decidimos contarles que fue la culpa del otro y que, en realidad, Duncan y yo seguimos peleados. Piensan que nos vamos a traicionar mutuamente, cuando los traicionados serán ellos.

—Esa no es la razón de tu enfado, ¿verdad?

Me conoce demasiado bien. Es la ventaja de haber estado tan unida a él desde hace años. Sabe cuándo las cosas me van bien o mal con tan solo un gesto.

—Marlene drogó a Duncan ayer. Y la idea de que... ella intentase aprovecharse de él o de que... su intención fuera otra, me pone así. No lo sé, pero no quiero que ella esté cerca de él porque no le hará bien.

—Joder.

—Anoche tuve que recogerlo a unos metros del edificio de Marlene. Estaba mal, apenas se podía sostener en pie y tuve que ayudarlo a entrar al coche y a su casa, porque estaba muy mareado. Era consciente de lo que sucedía a su alrededor, pero a la vez no. Intuí que lo drogó porque me dijo que solo había bebido una copa de vino.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora