Capítulo 20

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Duncan Lombardi

De fondo escucho las noticias. Anthony Jordan ya está muerto, cumplimos con nuestra parte del trato. Lástima que Denver, nuestro cliente, todavía no nos ha pagado. Pero ese tema lo llevan Darek y Damon. A mí me importa una mierda si nos paga o no. Tengo asuntos más importantes que atender.

—Oye, Duncan —dice Daryl, pasando su mano por mi espalda—. ¿Te apetece hacer algo este viernes? Estaría bien pasar un tiempo como hermanos, ¿no crees? —sugiere con una amplia sonrisa—. Así te despegas un poco de esa novia que te echaste.

—Suena bien, Daryl. Pero tengo...

—Deja el trabajo a Darek. Tú ya te encargaste de la organización mientras Darek estaba en la cárcel, ¿o se te olvidó? Ahora que él está aquí, se puede ocupar de todo.

—¿Y qué haremos tú y yo? —cuestiono, alzando una ceja.

—Alquilé una casa en un lugar apartado de aquí —me informa—. Pensé que tal vez podríamos irnos de Barrow durante un día. Así alejaremos todos esos malos pensamientos y problemas que tenemos. Solo te pido un día o, mejor, una noche —sonríe, insistiendo en ese tema—. Llamaré a Daia y Hannah por si quieren venir con nosotros, ¿te parece bien?

Sé que Daryl va a insistirme hasta que le diga la respuesta que él quiere oír. No tardo un segundo más en responder.

—Está bien —accedo—. ¿A dónde iremos?

—Tú déjamelo a mí —sonríe, dándome un par de palmadas en la espalda.

Como vino, se va. Actúa misterioso, pero eso no es algo raro en Daryl. Que aparentemente sea el más normal, no significa que lo sea. Por fuera es un chico gracioso, bueno y extrovertido. Por dentro puede ser el infierno de alguien.

Desvío mi atención al móvil, observando los múltiples mensajes de Marlene. No puedo soportarla mucho tiempo más, necesita de mi atención las veinticuatro horas del día. No para de llamarme, de preguntar dónde estoy y qué hago. Pero cedo con facilidad a cada una de sus preguntas, queriendo llevarme bien con ella. No me conviene tenerla de enemiga a ella también, solo complicaría las cosas con la mafia alemana.

Tengo cien problemas y morirme los solucionaría todos, excepto uno.

Esa es la solución fácil, pero debo admitir que, a pesar de todo, mi madre tenía razón. Nuestro apellido significaba peligro incluso para nosotros mismos. Ella nos entrenaba para ser fuertes, para aguantar cualquier cosa que se interpusiera en nuestro camino. Ella nos abrió los ojos desde el primer día, diciendo que, en este mundo, el bueno nunca gana.

Delena hizo las cosas mal con nosotros, formó personas capaces de matar sin sentir un solo remordimiento después de hacerlo. Sus castigos eran bastante severos. Su forma de ser empeoró la nuestra, dejándonos traumas incapaces de superar. Pero, si soporté todos esos años bajo sus órdenes, haciendo cosas horribles por culpa de lo que ella decía, ¿por qué no aguantar hasta el final?

Utilizaré a Marlene para frenar la maldita boda de Anya y Boris. Le cerraré la boca a Anya, demostrándole que no debe subestimarme. Y, cuando toda la tormenta pase, podré descansar tranquilo, sin ninguna preocupación.

Al recibir la quinta llamada perdida de Marlene decido descolgarle, atendiéndola.

—¿Qué hacías? ¿Por qué no contestabas? —pregunta, activando su modo tóxica.

—Estaba hablando con Daryl, mi hermano —la tranquilizo—. Si tienes dudas ve y llámalo, pero estaba con él ahora. Este viernes no podré atenderte en la noche, tengo un plan con mi hermano para pasar tiempo juntos —le informo.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora