Capítulo 46

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Duncan Lombardi

El no saber lo que le pudo ocurrir a Darcy para acabar en el hospital me está matando. Su abuelo no me responde a los mensajes, debe estar con ella y un doctor, por ello no puede atender al teléfono móvil. Pero la incertidumbre de no saber lo que está pasando no la manejo muy bien y menos si se trata de mi hija.

Joder, hace meses atrás no me creería que estuviera pasando por algo así y mucho menos que tuviera una hija a mi cargo.

Piso el acelerador, queriendo llegar cuanto antes al hospital para preguntar por ella y saber qué fue lo que le sucedió. Tal vez no sea nada grave, quizás se resfrió y le dio fiebre. ¿Aunque, Arnold la llevaría a un hospital por una simple fiebre? ¿Por un pequeño resfriado? No lo creo, tuvo que pasarle algo más importante.

Darcy es la única persona que ocupa mi mente ahora mismo. Dejo de pensar en Marlene, en Kalie, en Boris o en Anya. Ahora esos cuatro no son mi prioridad.

Aunque Anya se presente en mis pensamientos en este instante.

Escuché lo preocupada que estaba por mí, cómo discutió con Lys para quitarle esa idea de su mente. Sinceramente, a mí tampoco me agrada ese plan de juntarme con la falsa Marlene, pero no nos queda otra alternativa. Mañana, si todo va bien, pensaré con más calma sobre este asunto. Ahora no puedo, mi prioridad es esa niña castaña de ojos azules que está hospitalizada.

Adentro mi vehículo en el aparcamiento, teniendo que dar un par de vueltas alrededor del hospital hasta localizar un hueco libre. Al fin veo como un coche abandona su lugar, cediéndomelo. Aparco ahí mi vehículo, saliendo de él y caminando hacia la entrada del hospital.

Las puertas se abren automáticamente al acercarme, dejando ver la recepción llena de gente. Hay varias personas haciendo una fila recta, esperando a ser atendidos por la recepcionista que tendrá unos cuantos años.

Noto como mi móvil en el bolsillo vibra, indicándome que alguien me envió un mensaje. Me alivio al saber que se trata de Arnold.

«No te preocupes, fue un ataque de asma. Debe pasar aquí toda la noche para poder controlarla.»

«¿En qué cuarto estáis?»

Él me envía el número de la habitación. Me ahorro hacer toda esta fila, yendo directamente al ascensor que me llevará a la cuarta planta, donde Darcy está recuperándose. Ignoro a cualquier persona que me cruzo en el camino, saliendo de ese ascensor para caminar por ese largo pasillo, buscando por cada puerta el número correspondiente.

Me detengo al ver el cuarto, la puerta está entreabierta y dentro puedo escuchar dos voces distintas. La de Arnold y Darcy. Toco a la puerta antes de entrar, viendo a Darcy acostada sobre una camilla de hospital y a su abuelo sentado en un sillón. Él agarra su manita, indicándole que todo saldrá bien.

—Papi...

Cierro la puerta detrás de mí, caminando hacia ellos. Saludo a Arnold con una sonrisa, dirigiendo toda mi atención hacia mi pequeña.

—¿Cómo estás, enana? —pregunto, acariciando su cabello castaño—. Qué susto me has dado —admito.

Ella sonríe.

—Y a mí —reconoce su abuelo—. Decía que le costaba respirar y que le dolía el pecho. Llamé a una ambulancia para saber qué hacer en este caso. Vinieron rápido y nos trajeron aquí, donde mantuvieron controlada a Darcy —me explica—. Hace unos minutos vino el doctor y dijo que tiene asma, debe utilizar un par de medicamentos para controlarlo en caso de ataque, como el de hoy.

—Entiendo.

—Estoy bien... —murmura Darcy, pero la noto cansada—. Tengo sueño.

—Descansa, enana. Yo estaré aquí —le prometo, dándole una sonrisa—. Tú puedes irte a casa, Arnold. Es mejor que también descanses —le aconsejo, preocupado por su vejez—. Porque si te vas a quedar a dormir en ese sillón, mañana te levantarás con la espalda destrozada.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora