Capítulo 16

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Duncan Lombardi

Daryl me acompaña hasta el lugar donde habita Marlene. Principalmente, porque yo no me acuerdo dónde queda el piso. Le tuve que contar en el trayecto cuál era el plan a seguir. Él se mostró de acuerdo, pensando que saldríamos beneficiados al aliarnos de esta forma con la mafia alemana.

—¿Y si no está en casa? —pregunta Daryl, una vez estacionados frente al edificio.

—Volveré otro día —respondo con simpleza—. Espérame aquí, no creo que vaya a tardar mucho —le digo, saliendo del coche.

Su voz me detiene.

—¿Tienes un plan para reconquistarla? Porque te recuerdo que sus últimas palabras fueron un «te odio».

—Se me da mejor improvisar —le contesto con una sonrisa.

Daryl me observa desde el coche, aprovechando este tiempo libre para mirar algo en el móvil. Yo accedo al interior del edificio sin ninguna dificultad, en cuanto una señora sale, deja el portal abierto para que yo entre. Dándole una sonrisa de gratitud, me adentro al interior del portal. Subo las escaleras hasta llegar al primer piso, donde se encuentra Marlene.

Plan como tal, no hay ninguno.

Algo arriesgado por mi parte, porque Marlene no es ninguna estúpida Apenas la conozco, pero si me mandó a alguien para matarme o secuestrarme, tonta no va a ser.

Pulso el timbre un par de veces, llamándola. Cruzo los dedos para que esté en casa y así no regresar otro día. Quiero quitarme este asunto de encima cuanto antes para que no me mande a otro sicario más. Escucho unos cuantos pasos en el interior del piso, caminando hacia la entrada. Vale, hay alguien, pero tal vez sea la amiga que estuvo con ella en el pub el otro día.

—¿Quién es...? —pregunta Marlene, abriendo la puerta y viéndome frente a ella.

Se esperaba a cualquier persona, excepto a mí. Sus ojos verdes me miran sorprendida por mi presencia. Abre la boca para decir algo, pero de su garganta no sale ni una palabra.

La empujo con suavidad para que se meta en su casa y me deje pasar a mí también. No vamos a hablar en el rellano, donde algún vecino cotilla nos puede oír. Nuestra conversación creo que va a ser un poco extraña para que la escuche alguien más. Ella retrocede hacia atrás, mientras yo doy un par de pasos hacia adelante, cerrando la puerta detrás de mí.

—¿Qué haces aquí? —pregunta, desconcertada.

—Creo que ya sabes qué hago aquí —le respondo.

—¿Por lo de ayer con Anya? Tan solo le di ese reloj para que te lo diera a ti, nada más. No quise ponerla celosa —miente.

Niego con la cabeza, acortando la distancia que ella busca.

—Sé que mandaste a alguien a por mí. Un muchacho moreno que acabó con un tiro en la rodilla —detallo—. Dime, ¿cómo está?

Su ceño se frunce ligeramente.

—No sé de qué me hablas.

—Si lo sabes. Eres tú o tu padre, pero tú tienes más motivos para hacerlo. ¿Verdad, Marlene? Estás obsesionada conmigo, puedo sentirlo a esta distancia cuando tus pupilas se dilatan y tu respiración se acelera. Y, créeme, no me importa lo que hayas hecho, porque... eso me trajo de nuevo hasta aquí.

—¿Ah, sí?

Alzo mi mano para tocarla, tan solo su cintura. De esta forma, la atraigo hacia mí. No se resiste, se deja llevar. Por su espalda asciendo mi mano, de tal manera que envío un escalofrío por todo su cuerpo. Ella suelta un jadeo con este toque tan simple.

El karma de Duncan [+21] ✓Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora