Tres semanas después.
Danae
Cuatro palabras:
Odio al Fernando culiao.
Hace media hora estamos tratando de organizarnos en la casa de la Keyla para el tema de la fundación porque tenemos que esterilizar a unos perritos de mi vecina, pero solamente llegamos a discusiones por el tema qué pasó en el carrete.
—¿Y si vamos a otra veterinaria? —propuso el Luciano mirándonos nervioso. —En una de esas nos hacen algún descuento o algo.
El Franco se tocó la cabeza cansado, mientras que la Gio, la Keyla y yo mirábamos la lista que teníamos que tener hecha, en blanco.
—Como nos harán un descuento. —le dijo el Fernando. —Ni que tuvieran tanta humildad.
El culiao con poca fé.
—Si lo pensamos bien es una buena idea. —opinó la Keyla corriéndose un mechón de pelo detrás de la oreja. —Tendríamos que planteárselo a la veterinaria.
Si se preguntan porque estamos buscando otra veterinaria, es porque hace una semana me puse a pelear con la asistente de la veterinaria que opera a los animales que llevamos porque le pegó a mi perro.
Obviamente le pegué a ella porque con mis animales nadie se mete.
En simples palabras me prohibieron llevar animales ahí otra vez.
—Me parece una idea terrible. —dijo la Gio cruzándose de brazos.
—¿Podemos dejar los problemas qué hay de lado por un momento? —preguntó el Fernando mirando a mi amiga.
No me contuve más.
—No podís ser tan care raja. —le dije soltando una carcajada sarcástica. —Pa vo' es fácil po' como ignorai todas las hueas y desaparecís nomás.
Los chiquillos me quedaron mirando con las medias pepas al mismo tiempo que la Keyla me pedía a gritos con la mirada que no explotara todo esto ahora.
—Danae. —me dijo el Feña cruzándose de brazos. —No estoy diciendo eso, solamente que necesitamos organizarnos con el tema.
—¿Por qué tanta urgencia de la nada? —le pregunté de mala gana. —¿La hueona con la que te pelai ahora te pone atao si te demorai en responder el celular?
—¿Qué está hablando ésta hueona? —le preguntó el Franco a la Keyla.
—¿No les hay contado a tus amigos? —le pregunté riéndome, mientras que él bajaba la mirada. —Por si no sabían el Fernando se esta pelando con la loca que conoció en el carrete.
—¿Conociste a alguien? —le preguntó el Luciano.
—Ya deja de hacerte el hueón también. —le dijo la Gio mirándolo mal. —Es obvio que cuando el Feña desapareció por ese momento en el carrete le fue a pedir el instagram a la loca que estaba en la salida.
—No te hagai el hueón tampoco Franco. —le dijo la Keyla. —¿Creen que no vimos cómo el Feña estaba hablando con ella?
Los tres hueones bajaron la mirada con vergüenza.
—Ya sí, está bien. —respondió el Franco, mirando a mi amiga. —Pero, después no sabía que éste hueón le había dejado de hablar a la Danae por pelarse con otra.
—Pero tú y yo no somos nada Danae. —habló el Fernando.
Dolió, pero tenía razón.
—No es ese el tema. —exclamé con un nudo en la garganta. —El tema es que te comiste conmigo, me dijiste milloná de hueas y después solamente desapareciste sin decirme nada, Fernando. —lo miré y sentí como las lágrimas en mis ojos amenazaban con caer. —Me hiciste sentir de la mierda todas estas semanas, reemplazable mejor dicho, y ya está bien que después de eso seamos como antes, pero dime las hueas claras porque yo así lo hubiera hecho. —le expliqué. —Yo si te hubiera dicho que no quería nada más que quitarme las ganas porque dentro de todo te quiero y antes de comernos fuimos amigos.
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¿Escapémonos?
Teen FictionUn capricho para él y una ilusión para ella, hasta que el capricho se convirtió en su más grande debilidad, mientras que para ella su ilusión se transformaba en realidad sin llegar a imaginar las consecuencias que tendría. ¿Que chucha podría salir...
