30

536 29 1
                                        

Keyla

—¿Me veo bien? —le pregunté preocupada al Franco a penas llegó a buscarme.

Me tomó de la mano y la alzó para que me diera una vuelta y así ver mejor lo que traía puesto.

—No. —me dijo y mi cara se desfiguró. Él esbozó una sonrisa antes de irse contra mi pecho, dándome un beso en el cuello. —Broma, estai preciosa po' mi vida.

Mi vida..

Sonreí. —¿De verdad? ¿Creís que es apropiado este outfit?

—Cualquier cosa es apropiada Keyla, mi mamá no te va a juzgar por como te vistas. —me dijo mirándome con adoración. —Te ves como lo que siempre eres.

—¿Que cosa?

—Una diosa.

Sonreí nuevamente y me acerqué a darle un beso en los labios. —Te quiero.

—Yo más.

—¿Vamos? —le pregunté. Él asintió y corrió a abrirme la puerta del auto. —Que caballero andas gruñosito.

Solo por hoy soportaré que me digas así. —me dijo subiéndose al auto. —Prefiero que me digai otra cosa a que ese apodo de mierda.

Hice un puchero y él se acercó a darme un beso tierno. —Perdón Keyla, pero es la verdad.

—¿Y como querís que te diga?

Encendió el auto, mientras ponía cara de pensativo. —No sé...puede ser mi amor, mi marido, mi hombre o amor de mi vida estaría bien.

Solté una risa sonora y él me quedó mirando confundido. —Te estoy hablando en serio.

Dios mío, estoy enamorada de este hombre.

Mi hombre..

Bueno amor de mi vida. —le dije y él me sonrió más feliz que perro con dos colas. —¿Ahí esta bien?

—Está perfecto.

Sonreí y miré por la ventana disfrutando del día soleado a la vez que sentía la calma de que todo estaba saliendo como siempre lo había querido y estaba en uno de los mejores momentos de mi vida. Sentí la mano del Franco posicionarse en mi pierna y automáticamente puse mi mano encima de la suya, entrelazándolas, viendo cómo encajaban perfectamente.

—¿En que pensai? —me preguntó cuando nos topamos con un semáforo en rojo.

—En nada. —lo mire sonriendo y suspire aliviada. —Mentira, en lo feliz que soy ahora en verdad.

—¿De verdad estai feliz...conmigo?

La miré confundida, su pregunta estaba cargada de inseguridad.

—Obvio po' Franco. —le dije acariciandole la mano que se mantenía en mi pierna. —¿Creís que no?

—No sé. —me dijo. —Puede que no lo suficiente.

—Lo haces Franco y quiero que lo tengas siempre en mente porque no hay nada que me haga más feliz que estar contigo. —le dije seriamente. —A pesar de que llegaste siendo un desagradable de mierda, no me arrepiento de nada de lo que he vivido contigo porque gracias a esto, aprendí lo que es estar enamorada de alguien y que sea mutuo.

—¿De verdad?

—Sí Franquito. —le dije tiernamente. —Erís en verdad lo mejor que me ha pasado en este último tiempo.

Se quedó callado mirándome con los ojos cargados de ilusión y un sentimiento que no podría descifrar.

Nunca lo había visto así en verdad, era algo nueva para él y para mí.

¿Escapémonos? Donde viven las historias. Descúbrelo ahora